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Y tú, ¿con quién pasarías la última noche del mundo? – II

2 jul

¿Seremos capaces de destruir el Universo?

Eso si sería lindo; de verdad que la haríamos buena esta vez. Imaginen la escena: un grupo de científicos reunidos en Ginebra, construyendo una máquina capaz de destruir ya no digamos la Tierra, sino a todo el Universo conocido y todas las infinitas posibilidades que éste alberga.

¡Qué forma tan original de acabar con lo más hermoso que existe! Bueno. Estoy siendo subjetiva. Esque a mí me encanta el Universo y todo lo que está relacionado con la Astrofísica. Pero eso es harina de otro costal. En realidad, yo no creo que el CERN vaya a acabar con el Universo con su Gran Colisionador de Hadrones. Pero me gustaría pensar, por un instante, que ellos (y yo, pequeña ingenua) nos equivocamos.

Entonces están los científicos de todas partes del mundo (sí, también hay un mexicano chambeando por allá) a un paso de hacer que las partículas aceleren y colisionen para encontrar el bosón de Higgs (llamada coloquialmente – y nótese la casi poética ironía – la partícula de Dios) cuando de pronto… wham!!! Una de las siguientes posibilidades deja de ser posibilidad:

1. se crea un agujero negro estable

2. se crea una cosa tipo “la mancha voraz” o el yoghurt ése de la película “the thing” que andru tanto menciona… osea, se crea materia exótica supermasiva tan estable como la materia ordinaria.

3. se crean monopolos magnéticos que pudieran catalizar el decaimiento del protón (seee.)

4. se crea la transición a un estado de vacío cuántico.

(gracias Wikipedia por la valiosa información)

Claro que ninguno de los que estamos involucrados en este monólogo sabemos nada sobre agujeros negros ni protones ni de vacíos cuánticos. Pero cualquiera de las posibilidades anteriores suena aterradora, ¿no?

Pues hay científicos y otros mirones que creen que es posible. Dos de ellos, de hecho, demandaron al CERN por atreverse a poner en riesgo la integridad del Universo. Pero es verdad. Hay quienes piensan que el CERN está jugando con el destino de todo lo que existe.

Por su parte, Stephen Hawking, el experto en agujeros negros (al menos, teóricamente) predice que los agujeros negros se evaporarán, gracias a un efecto denominado Radiación de Hawking. Pero, de nuevo, son sólo teorías.

Así que técnicamente, la ciencia nos dice que no va a pasar nada. Pero la ciencia también nos dice que, si llegara a pasar algo, sería un algo muy pero muy feo. Tan feo, que acabaría con el propio Universo. Claro que, como lo dije en el post anterior, sería un algo feo que ni siquiera notaríamos. En un instante, todo lo que conocemos, todo lo que amamos, lo que odiamos, lo que queremos, lo que planeamos… todo el dinero que salvamos en nuestras cuentas bancarias y los secretos que ocultamos a los demás; las angustias que pasamos día a día, nuestros sueños, los deseos que tenemos, las palabras que nunca dijimos, el plan de mañana, la comida en el refri, mi mascota, ese perfume que guardamos para ocasiones especiales, las calificaciones que sacamos en la universidad, las caras de nuestros padres, nuestros recuerdos; las cosas que nos guardamos, la persona a la que amamos, nuestra ropa favorita, nuestras rolas favoritas, nuestros momentos favoritos… todo, absolutamente todo, será (si bien nos va) polvo estelar.

La que escribe será polvo estelar. Este blog será polvo estelar. Tú, el que lees, serás polvo estelar. Muchos dirán “oh, el Apocalipsis”. Otros pensarán que finalmente, todo lo anterior acaba el día en que mueres. Algunos otros creerán que sus vidas son insignificantes y que no vale la pena hacer nada porque, finalmente, cualquier día puede ser el último día.

Y eso, eso es precisamente a lo que quiero llegar: cualquier día… no, mejor (y para efectos de estética literaria) cualquier noche puede ser la última noche del mundo. Ya sea porque los científicos en Ginebra se equivocaron o porque era tu hora incierta de morir o simplemente porque sí, cualquier noche puede ser tu última noche del mundo. ¿No es aterrador?

Ahora bien, todos los que venimos al mundo nos la jugamos de alguna forma porque, como antes dije, nadie sabe la fecha exacta de su muerte. ¿Pero qué pasaría si la supieras? ¿Qué pasaría si tuvieras la certeza de que hoy es tu última noche sobre la Tierra? Para empezar, no estarías leyendo las quizá no tan desatinadas cosas que por mi mente pasan. Harías de estas últimas 12 horas (en la situación ideal de que te enteraras al principio de la noche y no a la una de la mañana) las mejores horas de tus… ¿20, 30, 50? años de vida. Una vida resumida en una noche; en la suma de minutos que componen la última noche de tu mundo.

No quiero ser melodramática. Es sólo que a veces damos la vida por sentado. Se nos olvida que el futuro es, precisamente, hoy. Que mañana empieza hoy. Que si queremos a alguien lo queremos hoy. Que si vamos a luchar por nuestros sueños o vamos a ser felices debe y debería ser hoy. Porque nadie pero nadie tiene garantizado el mañana.

Por cierto, las pruebas del Gran Colisionador de Hadrones comienzan en agosto, si no me equivoco.

¿Cuánto tiempo más vas a postergar tu vida?

Para cerrar esto, antes de que parezca una sesión de optimistas, me permito preguntarte, una vez más, estimado lector de la caja… ¿con quién pasarías la última noche del mundo?

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Ésta es una campaña de La Caja de Petri porque nadie, absolutamente nadie, desperdicie su vida antes de que caiga el cometa.

Y tú, ¿con quién pasarías la última noche del mundo? – I

25 jun

“…seize the day or die regretting the time you lost…” – Seize the Day. Avenged Sevenfold.

La canción da vueltas por mi cabeza. Resuena todo el santo día. Seize the day or die regretting the time you lost. Parece que no hay más alternativas.

Como yo lo veo es sencillo: en la vida tienes de [inserte número] sopas, y ya tú sabes si te comes la de coditos, la de pasta o prefieres un caldo tlalpeño. O si no comes. Para mí, ésa es la peor opción: quedarte con hambre… de hacer, de escuchar, de sentir o de decir algo.

Yo soy muy tragona. Tengo hambre de aprender, de vivir, de enseñar; de compartir. Sobretodo, de compartir. Creo que una vida para uno mismo es lo peor. Ese “encerrarnos en nuestros corazones” me da flojera. La vida es para sentirla, para gritarla, para contarla al que quiera escucharla. Por eso me chocan los caminos de senderos que se bifurcan. Yo sí creo que se puede ser feliz acompañado, tomando al otro de la mano y no como muchos piensan, “compartiendo soledades”.

Al cuestionarme sobre el caso del Gran Colisionador de Hadrones y estos dos cuates (prometo llegar a un punto y ahondar más en el tema) que creen firmemente que se abrirá un agujero negro lo suficientemente denso como para chuparnos el alma a todos en un parpadeo (y contrario a lo que predice el experto en hoyos negros, Stephen Hawking, quien cree firmemente que se evaporarán), me entraron muchos temas a la cabeza. ¿Y esque por qué diablos tiene que pasar algo realmente fuerte, lifechanging y que no tenga reversa para que el hombre sea verdaderamente auténtico? No lo sé.

Si se abre un hoyo negro lo suficientemente denso para chuparnos hasta el tuétano, ni cuenta nos vamos a dar. ¿Pero qué tal que tuviéramos unas horas más? ¿Qué tal que tuviéramos una noche entera antes de la certeza del fin del mundo?

Muchas películas lo ilustran: gente robando, llorando, buscando a sus “seres queridos”-aquellos a los que dañaron y con los que nunca pudieron abrirse por completo- para pedirles perdón; para decirles “te quiero”. Yo tengo otra versión en mi cabeza (cómo me gustaría que pudieran ver dentro de mi cabeza): noche constelada, silencio abrumador y todos, absolutamente todos, pensando: ésta, ésta es la última noche del mundo.

"Cuando la luna se pone regrandota…

21 feb
…como una pelotota y alumbra el callejón….”

Ayer fuímos mi novio Luis, el Vane, Rodas y yo al Zócalo a ver el eclipse. En realidad había olvidado por completo mis ganas de ir, pero todo se conjugó para poder estar ahí: hoy jueves no tuve examen, Luis no tuvo clases ayer en la tarde y los demás dijeron “bueeeenoooo” y se unieron a la aventura urbana.

Llegamos al Zócalo como a las seis. Había mucha gente formada para usar los 100 telescopios instalados. Aplicamos los relevos australianos: dos nos quedábamos haciendo fila y dos se iban a pasear 20 minutos. Cuando me tocó ir a dar la vuelta, fuímos a las carpas instaladas alrededor del “observatorio”, sólo para descubrir el instinto de rapiña de la masa: dondequiera que regalaban algo, la gente se avalanzaba cual fiera hambrienta. Había gente que se formaba, pero daba más coraje estar esperando de forma civilizada para que llegaran las manadas de salvajes a pelearse por un pedazo de póster.

Nos dieron las siete y algo, y la gente empezó a acceder a los telescopios. Entramos los cuatro, después de que un horrible señor se nos intentó “colar” y que a Rodas le diera un ataque de pánico ante la “Chupitos” reloaded (era una especie de mujer disfrazada de bola disco meets anarquista meets Tatiana meets chico banda…). Vimos la luna, con todo y cráteres, en el telescopio. Yo quería ver Saturno (de hecho, ésa era mi motivación principal), pero el planeta se vería más tarde y si quería verlo en el telescopio, nos íbamos a tener que formar otra vez. Fuímos a otro telescopio (los lacras) y volvimos a ver la luna. Casi convencemos a las chavas del segundo telescopio de dejarnos quedarnos ahí a “tontear” hasta que Saturno fuera visible, pero un seguriman nos condujo hacia la salida.

Como las filas eran interminables, decidimos irnos a la azotea del depa de Luis a seguir viendo el eclipse. Así que fuímos a casa de Rodas por el carro, unos binoculares y cuatro envases de caguama. Surtidos de provisiones, un sleeping y cobijas, llegamos a la azotea.

Ya en la azotea, nos dió la más absoluta de las simplezas: que si la brasileña, que si el cielo era una pantalla y los alienígenas habían montado un espectáculo–el eclipse–para nuestra diversión, que si casi se le quema la cara a Rodas prendiendo un cigarro… y que si las profecías mayas. Todo empezó porque Rodas y el Vane, en su “break” de 20 minutos vieron a un cazador de ovnis con todo y aparato (sin albur) localizador de naves extraterrestres (que era como un radio vil); además de escuchar la conversación de dos sujetillos que aseguraban que el eclipse iba a traer un nuevo periodo en los ciclos cósmicos, al tiempo que se preguntaban “¿y si los mayas tenían razón?”

Sin más, corrieron el debraye y las chelas. En el año 2012, los mayas se levantarían de nuevo, ahora como zombies, para intentar acabar con la civilización y reimplantar la suya. O algo así. La luna se veia impresionante con los binoculares y vimos cómo fue de rojo a blanco una vez más.

Después entramos al depa para seguir cheleando y cerrar la noche con un concurso de eructos que, de manera lamentable, yo empecé y al cuál, de manera lamentable, no pude aportar nada más.

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