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Radio Uh Peh!!!!

13 ago

Sé que dije que iba a postear más seguido. Mentí.

Mentí descarada y neciamente.

Pero mentí por una simple, sencilla y muy válida razón.

Es ésta:

www.radioup.com.mx


Me tiene absorta el proyecto y la mente secuestrada.

Muy pronto, más de mí.

Resistan, más/menos dos lectores. Los quiero.

Finales felices…

22 abr

Andaba de metiche en el blog de cierto personaje que tiene un alter ego femenino de mattel de esos hits random que haces en Internet y que te llevan a cosas igualmente random, cuando me encontré con esta frase:

“Todo termina bien siempre. Si no está bien, es porque no ha terminado” — E.

De lo más sabio que he leído. Lo elevaría a la categoría de gurú, si no fuera porque la cita original tenía una espantosa falta de ortografía.

esa banda hiper-lame de la que -neta- no volveremos a escuchar – III

27 mar

Ayer jueves, Los Magnum esa banda lame de la que no volveremos a hablar… tuvo una presentación en el Bulldog Café. Como soy bien fan como está a la vuelta de mi escuela, no me podía perder el toquín por nada. Además, tocarían algunas otras bandas y entre ellas, María Daniela y su Sonido Laser

Los Magnum esa banda lame de la que no volveremos a hablar…tocaron bien como siempre, aunque la voz se atascó un poco en una que otra rola, pero son gajes del oficio. El lugar estaba medianamente vacío, pero no fue ningún problema y nos la pasamos muy bien… y curioso, porque las niñas no fueron (cuando fueron precisamente ellas las que primero confirmaron su asistencia) y dos de mis amigos, a quienes llamaré por sus apodos científiques (para no quemarlos), El Astró-pomo y El Dr. Mocho, (quienes habían dicho que no irían) decidieron lanzarse al Bull.

Entre tragos, risas y nacadas, transcurrió la presentación de María Daniela… mis primos emprendieron la retirada y yo decidí quedarme un rato más, porque me la estaba pasando de maravilla. De la nada, como siempre, se les ocurrió a los muchachos ir a topar a María Daniela al camerino – casual – y pues después de hacerle la chillona al de la puerta y mentirle sobre nuestra procedencia (en otras palabras, hacerle creer que veníamos de un medio acreditado y verdadero), nos colamos al VIP room, con bastantes tragos encima; y no sólo eso, sino que logramos que María Daniela nos diera una entrevista para RadioMixcoac (whaaaaaaaaaaaaat?!?!)

No contaré las desventuras de después del toquín ni todas las cosas extrañas y sospechosas que nos ocurrieron, pero les dejo a cambio la “entrevista” con María Daniela… una verdadera sinvergüenzada, desde la Caja de Petri.

María Daniela en el Bulldog  – > descarga la entrevista aquí

50 bucks…

22 mar

Quizá sea una exageración de mi parte. Quizá sólo fue el impacto normal que este tipo de situaciones generan en la gente-y más aún, cuando de la primera vez se trata.

Me asaltaron, por primera vez, el jueves en la noche. Dos tipos, con pistola y todo el rollo. No quiero contar en la caja, una vez más, cómo fue todo el show. El punto es que me quitaron cincuenta pesos de todas las chunches que traía (léase el teófilo, el celular, la cartera con credenciales y tarjetas, etc.). Me resistí y me salió bien, pero no estoy orgullosa. Se pudieron llevar mi vida o la de alguien más, dado que para mi ¿buena? suerte, iba en el camión y no caminando sola por la calle.

Lo raro es que lo grueso vino después; es decir, al día siguiente, ya digiriendo todo lo que había pasado. Porque, como siempre que estoy metida en líos, me vuelvo práctica y analítica y racional y helada. En el momento del asalto lo único que pensé fue en cómo hacerle para que estos tipos se llevaran lo menos posible y se fueran más rápido. Pero al día siguiente me sentía insegura y no sólo insegura, sino que además asustada de ir sola por la ciudad con mis cosas. Y no sólo eso, sino que me tuve que regresar mucho más temprano y con mi mamá a mi casa, porque no pude decidir si era buena idea pasar por el lugar del asalto o no, por temor a volverlos a encontrar.

Todo el día me prometí no dejarme “secuestrar en mi cabeza” y seguir mi vida normal; esto es, no dejar de oír música en mis largos trayectos casa-escuela ni dejar de salir con mis amigos ni de hacer mis cosas. Pero tampoco pude dejar de contemplar las infinitas posiblidades que pudieron (y que por milagro no sucedieron) suceder: que los tipos estuvieran drogados o que el arma fuera de verdad (porque, aunque la ví, no sabría decir si era real o de juguete); que le hubieran disparado a alguien o que me hubieran disparado a mí.

Que me hubieran disparado a mí, y yo no estaría aquí, contando esto, evidentemente. Que me hubieran disparado a escasos ¿dos? meses de terminar la carrera por la que he trabajado tanto.  Que jamás me hubiera vuelto a enamorar; que jamás pudiera decidir si quiero tener hijos y cuántos y con quién. Sin ver grandes logros, vivir grandes acontecimientos o bien, conocer la India.

O dicho de otro modo, mi único “amor” hubiera quedado en esa historia que no querría repetir jamás; mi último logro hubiera sido, quizá, algún examen en el que me fue medianamente bien.  Mi último gran proyecto inconcluso, acabar la carrera… en fin, son consideraciones que todos me dicen que mejor no me haga y que dé gracias de que todo hubiera sido un llano susto, pero que siendo quien y como soy, no puedo dejar de hacerme.

Me acuerdo que en el forcejeo por quedarme la mochila, pensé en el libro que estoy leyendo (el cuál traigo dentro de la mochila) y que, curioso, también se dedica un poco a contemplar las infinitas posibilidades del polvo y no sólo eso, sino a tratar de encontrarle un sentido a todo lo que vemos y vivimos.

Tiene una cita que me encanta.

“¿Qué podemos hacer tú y yo para aceptar que la vida sea tan breve?”

Creo que nada.

el último y nos vamos…

19 ene

Hoy empiezo mi último semestre de la carrera. No lo puedo creer, sobretodo porque he pasado por tanto y he dejado tanto y he aprendido tantas cosas en estos casi 4 años… no puedo dejar de pensar en todas las personas que han estado a lo largo de este camino: amigos, ex amigos, maestros… gente que se queda y gente que sólo está un momento en tu vida, para enseñarte algo (de una forma buena o de una forma un poco más tóxica).

Como voy a estar trabajando en mi universidad, no puedo dejar de pensar en en inicio de la carrera, donde, irónicamente, empecé trabajando para mi universidad (en un programa de radio que se hacía llamar Rock in Retro, y donde conocí a tres de mis más queridos amigos: Adán babas, Rondrigo y a la mismísim@ Frau Helga). Creo que es una de las etapas que más añoro de la carrera, sobretodo porque la vida era mucho más sencilla entonces (y es irónico que me lo parezca…  la versión mía a la que le tocó vivir eso seguramente estaría en desacuerdo).

Empezar y terminar la carrera en radio me parece una forma muy redonda, muy simétrica de terminar mi licenciatura. A todos los que empiezan semestre hoy o en unas semanas, les deseo un feliz curso. De verdad aprovechen la uni, que se va en un abrir y cerrar de ojos.

Ya me puse (qué raro) melosa :P

La verdad es que iba a ponerles mi audición para el programa (la cuál es una verdadera vergüenza), pero no encuentro el disco. Prometo hacerlo en un rato de ocio.

2009

5 ene

Se acabó el funesto 2008 y yo me siento otra…

Y es que me he dedicado a descansar estas últimas semanas (esto sí no tiene nada que ver, pero un profe me dijo en un ensayo que no debo iniciar párrafos con conjunciones… no lo puedo evitar, es una maña adquirida en años de escribir así). He descansado mucho, al grado de que hablando con la Petite de sus desventuras y aventuras, cuando me tocó contarle en qué he estado estas semanas, lo único que pude decirle fue “pues viendo muchas películas y jugando solitario en el ipod”. Tras.

Lo del solitario es enteramente culpa de mi hermana, quien me pegó esa fea maña.

La verdad no sólo he estado viendo películas y jugando con teófilo [el ipod rosa que dice mi mamá que es gay]. En realidad he estado haciendo más, pero para mis adentros. La verdad es que necesitaba un poco de la distancia, del encierro, de las películas y de alejarme de todo y todos y concentrarme en mis cosas.

Por ejemplo, limpié mi cuarto. Sonará desagradable, pero tenía más de seis meses que no lo limpiaba y que vivía, digamos, enterrando la mugre y yo viviendo en la capa más superficial de la inmundicia. Pero el día que terminó el funesto 08 también limpié mi cuarto. Tiré algunas cosas que no servían y hasta puse en orden cosas de la escuela. Aún le faltan los detalles, pero ya se puede caminar  y respirar y distinguir las cosas en él.

Alguna vez mi tía M… , siendo psicóloga, me dijo que muchas veces extrapolamos el caos que traemos adentro y lo prolongamos a otras áreas de nuestra vida como un mecanismo de autocontrol (haciendo referencia, qué curioso, a lo puerco que estaba mi cuarto en esos días de mi vida). En otras palabras, ella dice que cuando estoy emocionalmente bien tengo mi cuarto limpio y ordenado. Cuando no, lo tengo hecho un cuchitril* para no volverme loca. Yo no soy nadie para cuestionarla y menos cuando la evidencia la respalda. Así que limpiar mi cuarto es un buen síntoma.

El encierro y la distancia me están cerrando las heridas. Me siento más fuerte y más sabia también. Otro ejemplo: cuando pienso en lo que me hizo daño el año pasado, ya no me da tristeza. Rabia sí, y por eso prefiero no pensar. Pero no tristeza. Y últimamente suspiro, como tratando de calmarme, y me digo “son otros cuatro meses antes de decir hasta nunca“. Creo que pensar que falta bien poquito para no volverlos a ver jamás me hace tener mucha más calma. Y sonrío. Nada me puede irritar entonces.

Aún no consigo trabajo. Pero es algo bueno. Tengo ganas de salir antes de volverme a encerrar en el rollo de estar ocupada. Quiero ir al Ángel y de museos y quiero ir a tomar fotos. Este año sí me voy a dedicar a hacer las cosas que me gustan. El duelo terminó. Es hora de disfrutar las cosas bellas. Y de recuperar la creatividad y la alegría.

Me siento floreciente (hasta me dan ganas de reír, por nada). He visto videos que me han inspirado, de gente que ha logrado el cambio que yo tanto quiero lograr. Me dan ganas de lanzarme con cámara en mano a la India o a donde sea. Quiero hacer algo que ayude a la humanidad. Y estoy a cuatro meses de decisiones importantes pero no me da miedo. Ansío la libertad.

Este año quiero lograr cosas que nunca antes había logrado. Quiero:

  • Terminar la carrera
  • Cumplir, al menos, con la mitad de las fotos del Reto de las 100 fotos
  • Ir a todas las fiestas a las que me inviten mis amistades y amigos
  • Aprender a cocinar
  • Encontrar un trabajo que me haga sentir que estoy haciendo una diferencia
  • Unirme a una ONG donde sí me respondan
  • Aprender a tocar algún instrumento
  • Ir a muchos museos y exposiciones
  • Leer más
  • Ver más películas
  • Ir al cine sola
  • Ir a algún concierto de lo que sea
  • Pasear más a mi perra
  • Ayudar en mi casa
  • Viajar
  • Comprarme una cámara de video
  • Comprarme un auto (¿por qué no?)
  • Sonreír más y decir más bobadas y comer más chocolates
  • Escuchar más música
  • Hacer más cosas que me inspiren

Hay algo en el ambiente que me hace pensar que será un año maravilloso para mí. No lo sé, como que empieza mi historia y terminan mis cadenas. O algo así.

Por lo pronto, feliz 2009 a todos los que me lean. Muchas gracias por estar ahí y por leer las cosas que pongo y dejarme leerlos también.

Y cheers por lo que venga.

Toronja…

12 dic

Ayer iba yo sentada en el camioncito a vuelta de rueda, ya de regreso de la oficina a encontrarme con mi madre para que me llevara a mi casa… recorriendo la avenida por la que paso todos los días, pero de ida (y no de regreso, como esta vez que iba de la oficina a casa), cuando me asaltó de la nada el nombre de una calle:

TORONJA

Y no sé si seré muy boba o qué, pero el sólo hecho de que una calle se llame como un cítrico redondo y grande, relativamente torpe en referencia a los demás cítricos, dibujó una sonrisa como de escuincla de cinco años en mi cara.

Pero eso no fue todo: estaba perdida y más que eso, estaba extasiada y engolosinada con el nombre de la calle cuando otras calles con otros nombres llamaron mi atención:

GUANÁBANA (no me gustan, pero la palabra me agrada)

MANZANA

MEMBRILLO

PIÑA

NUECES

(mi favorita)

Nombres de calles, todos. Calles consecutivas que formaban una verdadera ensalada en medio de nuestra querida ciudad de la furia.

No pude dejar (ni puedo aún a la luz del recuerdo) de sonreir como si hubiera descubierto la máxima verdad de la vida.

:D

Au revoir séptimo…

12 dic

Es oficial: ayer terminé mi último examen de séptimo semestre: algunos exámenes con más pena que gloria (como la cochinada que entregó mi “brillante” nuevo equipo en la materia de Mario Pacheco. Para dar pena). Lo del supuesto plagio que hubo en los exámenes, safe para mí. Y falta la calificación de Terán y de Huerta y ya, podré respirar en paz.

Este semestre fue, por mucho, el peor de mi vida. Y extrañamente, no fue por las materias: como siempre, algunas valieron muchísimo la pena y otras (como Terán) fueron un verdadero robo.

Más bien fue por todos los cambios que transcurrieron durante este semestre, al menos para mí, que me dejaron con esta sensación de vacío pero también de absoluto alivio de que una etapa muy importante de mi vida llegó a su fin.

Ya lo he dicho antes: he estado física y emocionalmente agotada estos meses, pero es justo ahora que sí siento el paso inexorable del tiempo… que todo cura, pero a un alto precio.

Como el martes, por ejemplo. Después de dos meses que llevo tomando las “happy pills”, por fin pude llorar. No fue un llanto copioso, ni una chillada de esas que te dejan tan agotada que te quedas dormida hasta el día siguiente; fue un llanto mustio, quedo, de apenas unas cuántas lágrimitas… pero fueron lágrimas reales. Después de dos meses de no poder llorar.

Ahora veo hacia adelante: tengo alrededor de un mes de detox de todos los cambios (me veo tentada a llamarlos problemas) experimentados a lo largo de este semestre. Un mes para leer, para ir a trabajar con calma y no andar a las prisas por llegar a la universidad–el lugar más infeliz y más temido por mí en estos meses. Un mes para ver a mis amigos y para no ver a mis amistades. Un mes para llegar a casa y poder pasear a la Daika, para tomar clases de pilates, para correr en las mañanas, para ver todos los domingos sin pretexto a mi papá. Un mes para ordenar mi cuarto–la zona física más devastada por toda esta guerra emocional que me cargué en este tiempo. Un mes para terminar de sanar.

Platicando con M… y mi queridísima petite el martes me dí cuenta de varias cosas: que salí lastimada, pero que no me fuí impune. Que en el proceso, también lastimé, y es algo que jamás me había planteado hasta ese momento: estaba tan enfrascada en mi dolor, que no pude ver el daño que también infringí en los demás. Por primera vez, me puse en los zapatos del otro. Y me dí cuenta de que me urge perdonar y perdonarme.

Porque cuando llego a hablar de eso, mis ojos no mienten. El aparente estado de las cosas mías es uno, pero mis ojos me delatan y le dicen a mi interlocutor que añoro, que duele, que extraño… que me acuerdo. Quisiera que los ojos no hablaran el lenguaje del alma, al menos, por un tiempo.

Pero ya me estoy poniendo melosa y ése no es el punto. A lo que quiero llegar es a que sí, fue un semestre duro y de cambios y de pérdidas y de mucha agonía… pero también de muchas ganancias, aprendizaje y mucha fortaleza adquirida. Me siento también orgullosa de haber llegado, con todo y mis raspaduras, a la meta.

Así que antes de subir la cabeza hacia el último semestre de mi carrera (0ctavo, ahí te voy con tokio) y dirigirle mi mirada más altanera y más retadora, el recuento de los daños:

Las bajas (en ningún orden en particular):

  • Amistades (que no amigos, esos no se pierden jamás)
  • Al ex novio (good riddance)
  • Bajé de peso (y volvió y se volvió a ir y luego regresó… ¡como en el Monte de Piedad!)
  • Tiempo (por algunas materias)
  • Espacio (por aquello de los lugares a los que no me atreví a ir por prudencia y respeto… lástima que eso no fue recíproco)
  • Alegría (pero también obedece al principio del “Monte de Piedad” referido arriba)

Las ganancias:

  • Amigos
  • Experiencia (laboral y humana)
  • Sabiduría (o qué no hacer la próxima vez que esté en una situación similar)
  • Libertad (para hacer y deshacer con mi vida)
  • Paz mental
  • Quetzales (por aquello del empleo mal remunerado sin el cuál no podría vivir)
  • Teófilo (osea, mi ipod rosa)
  • Perspectiva (regalo patrocinado por el inexorable paso del tiempo)
  • Seguridad (en mí, en mis capacidades, en mi suerte y en mi intuición)

Pues no sé ustedes, pero yo lo veo bastante balanceado…

La verdad es que muchas veces he dicho que de repetirlo, no lo haría. Pero no estoy tan segura ahora de que podría seguir como antes, sin todo lo que aprendí y todo lo que obtuve en esta etapa de mi vida. No sé si pude haber seguido así, tan asfixiada y estancada el resto de mi vida, atada a cosas y circunstancias que no eran para mí, que no merezco y que no me hacían ninguna gracia.

Ahora queda terminar de asimilar lo vivido y lo aprendido, desechar lo que no me sirve y esperar, pacientemente, las cosas buenas que me depare el mañana.

Ah, y a echar el drink con los de la oficina, porque hoy es el brindis y parece que se va a poner simpático el asunto.

 Au revoir séptimo. Y que venga lo bueno.

Me puse el casco de Kate Hudson…

22 jun

Las vueltas que da la vida … y esque no sabes qué sorpresas te puedes encontrar a la vuelta de la esquina.
Ayer pasé el día más feliz de los últimos… ¿tres? meses de los casi 23 años que llevo pisando la Tierra. Y esque la vida da muchas vueltas. Ayer salí con A…, con quien tengo una muy vieja historia que ahora me da mucha risa. Pero eso no es lo que me tiene tan contenta, sino el regalo que la vida me hizo al salir con él.
Y esque han sido muy difíciles estas semanas para mí. Así que un día cualquiera me dije “tienes que salir a divertirte”. Mandé muchos mensajes a muchas personas y no todas respondieron. Le mandé también un mensaje a A… pues lo ví hace ¿15? días y quedó en llamarme para salir. No lo hizo y no me importó. Resulta que perdió su celular, pero el mismo día que le mandé un mensaje para salir, por su lado consiguió mi número y me marcó. Problemas en la chamba (el responsable) lo llevaron a vernos hasta el viernes.
Pasó por mí en una moto roja. Llevaba un casco para mí (que es igual al que llevó Kate Hudson en How to Lose a Guy in 10 days) y me dio instrucciones muy sencillas para no caer de la moto mientras dábamos mil vueltas por Insurgentes buscando el lugar éste por el WTC. El aire frío me pegaba a todo lo que daba, y me supo de li cio so. Amo el aire frío con el sol a todo lo que da. Y la velocidad. Y la libertad. Por fin, después de muchos días, me sentí viva.
Y he ahí el regalo: a pesar de que A… se comportó como un verdadero caballero conmigo (desde el pagar por todo hasta hacerme algunos cumplidos como: C: “qué bonita” [haciendo referencia a la moto]. A: “¿J…?, sí, está muy bonita“; o el tomar mi mano para darme seguridad en la moto aunque no tuviera miedo y el estar más al pendiente del tiempo que yo porque tenía que llegar a casa o el dejar de tomar porque me tenía que llevar), lo mejor fue el paseo en moto. Y no es que no haya apreciado la compañía, porque en verdad me la pasé maravilloso y aunque tenía miedo de los “silencios incómodos” que pudiéramos encontrar, la plática fluyó de manera casi casi natural. Pero el paseo en moto me hizo sentir frío, miedo, alegría, éxtasis, libertad, incertidumbre, felicidad… en fin, me recordó qué es estar viva.
Y sólo por ese regalo me siento agradecida con la vida (y con A… a quien espero seguir viendo y que se convierta en una gran, gran amistad)
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