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sterella

20 jul

Buscando el significado de mi nickname en las redes sociales (sterella), encontré un blog -mi primer blog- que hace mucho que no visito.

Ahí escribía en inglés, como dice la mosca, “feelings language”.

Lo empecé en 2008, creo, y al leerlo me dio mucha nostalgia por las cosas que ya pasaron, que en ese momento creía fundamentales y por algunas otras que no han cambiado.

Los invito, por puro morbo, a leerlo:

www.sterella.blogspot.com

Y procuraré escribir en él, en inglés, en letras rosas, my raves and rants.

gunning down the romance…

25 oct

Últimamente, he tenido varios encontronazos (por no decir deslices) que me han hecho pensar. Demasiado. En uno de esos tantos y repetitivos momentos de duda, enojo, malos entendidos – sobretodo malos entendidos – un buen y cercano amigo me explicó la sutil pero escurridiza diferencia; aquella sutileza que si bien yo no podía definir, me hacía sentir, de alguna forma, algo triste (por no decir vacía):

“lo que yo veo es que ese wey te está ligando. Intentó conquistarte y en ese tiempo te sentías contenta. Pero ahora, te está ligando. Y hay una gran diferencia: conquistar implica a los sentimientos, mientras que ligar es como más enfocado a la atracción”.

Y que me pega como un rayo. Entonces entendí que yo prefiero la conquista al ligue. No es que el ligue esté mal: es siempre gratificante sentirse bella y deseada. Pero la conquista no sólo implica que se es deseada, sino que se es deseada en diversos niveles y por miles de formas. No es un deseo fugaz, sino un deseo proyectado hacia el futuro y hacia el bien. Así, se le desea el bien a la otra persona, se desea pasar tiempo con esta persona, se desea verla feliz, hacerla sonreír, ayudarla, protegerla, cuidarla… la conquista y el ligue persiguen fines completamente diferentes.

La conquista implica paciencia, cariño, entrega, sacrificio; es un proceso lento, de conocer al otro, de quererlo a pesar de sus defectos, de lograr que el otro vea lo que vemos en él (o ella). La conquista implica compromiso; el compromiso de no dejar de conquistar – de ganarnos – al otro en el tiempo. Es permanente; no es un jugueteo rápido ni un “flirteo” como el ligue.

La conquista nos hace sacar lo mejor que tenemos y no sólo eso, sino brindarlo al otro. Es emocionante, es un proceso de pequeñas batallas ganadas, de logros… Hoy en día, son pocos los hombres que se atreven a lanzarse a la conquista. Yo creo que por eso las relaciones no duran; es muy fácil salir con alguien tres o cuatro veces y empezar a ser novios. Y las cosas se van perdiendo: el romance, el interés, el conocer al otro, la entrega, la emoción de ir descubriendo cosas juntos… y las personas se aburren y las relaciones terminan. Eso sumado a que hoy en día hay pocos hombres que se toman la caballerosidad en serio. Alguna vez, saliendo con alguien, seguí el consejo de un amigo: si no te abre la puerta, no te bajes del coche hasta que lo haga. El cuate me abrió la puerta, pero se quejó de mí amargamente cuando habló con mi mejor amiga. ¡Lo hice abrirme la puerta! ¿Pueden creerlo?

Cuando estaba siendo conquistada me abría la puerta. Me llamaba todos los fines de semana. Me invitaba a comer. Todo eso es muy lindo y sí, las mujeres podemos abrir nuestras puertas, no nos morimos si no nos llaman y somos perfectamente capaces de comprar nuestra propia comida. Va mucho más allá: les da la oportunidad de ser protectores, de hacernos sentir especiales: de ser caballeros. Y a nosotras nos halaga. No es el que gasten. No es el que nos abran la puerta o nos compren regalos carísimos. Es que nos pongan atención. Que se fijen en qué cosas son las que nos gustan, las que nos molestan. Que estén ahí para escucharnos y ayudarnos. Eso es el verdadero romance.

El ligue, por el contrario, persigue el inmediato. Ve lo que puede obtener, lo que puede alcanzar. Se va por lo superficial (qué tan bien se ve la chica en cuestión con esa minifalda o el escote) y no busca profundizar ni crear un vínculo. El mensaje subtextual es “me gustas, pero no me interesa más de ti; podría no saber tu nombre y aún así besarte o llevarte a la cama”. Como dije antes, hasta cierto punto resulta reafirmante el saber que se puede despertar esa clase de deseo pero a la larga, no es suficiente para ninguno de los dos géneros.

Creo que la caballerosidad está muerta y creo que en parte las mujeres lo permitimos. No estoy pugnando ni pidiendo caballerosidad, sino conquista. Quiero saber que la persona con la que estoy me eligió porque vio en mí más que un escote. Y quiero que sepa que lo elegí porque ví en él más que lo que pudo comprarme o porque me abrió una puerta.

Desde el bestiario… II

20 ene

Atención. La Caja de Petri, en su inefable compromiso con la ciencia y la monstruosidad, les trae a sus siempre apreciables ±6 lectores una pesadilla compartida, seguramente, por muchos durante la infancia… la última de las criaturas monstruosas del pasado: El Güiri Güiri.

Ayer por la noche, Tequila se comió alrededor de un kilo de tortillas (¿por qué?, no lo sé; yo no estaba). Riéndome con mis hermanos sobre lo ridículamente obesa que se veía la pobre perrita, les dije que si la sometíamos a dieta nos terminaría por comer a todos, empezando por mi hermano dada la forma en la que Tequila se queda mirándolo horas. Le dije que un día despertaríamos y encontraríamos sólo sus huesos en su cuarto, porque el hambre de Tequila es ancestral. 

Lo anterior me remitió -qué extraña es la mente humana- a un episodio del famosísimo programa del comediante mexicano Andrés Bustamante, en el cuál aparece una “señora” devorada por una horda de pollos asesinos: uno de los episodios más terroríficos que recuerdo de mi infancia.

Resultó que mi hermano tenía también una vaga noción del tema (no así mi hermana, que por entonces era muy pequeña) y decidió emprender la búsqueda de tan aterradora transmisión, con rotundo éxito.

Sin más preámabulo, la H.H. sociedad científica de La Caja de Petri se complace, desde el bestiario, en traerles al Cus Cus y los Pollos Asesinos.

Disfruten:

 

Many, many miles east of nowhere…

10 abr

amo esta película:

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