Archivos por Etiqueta: mitos

¿Princesa Indie…?

18 dic

Etiquetas… a todo el mundo le molestan, pero todo mundo las usa. Al menos yo me declaro totalmente culpable de ponerle etiquetas a las personas. Ayer estaba con mi mejor amiga tomando el trago coqueto (hmmm cosmopolitans) mientras esperábamos al técnico de Apple y no pudimos evitar voltear a ver a las chavitas de la mesa de al lado, las cuáles eran obviamente niñas que no tendrían más de 18 años (porque en este lugar sí te pedían la credencial). Las dos las observamos, mi amiga un poco más porque le quedaban de frente… y dijo algo como que estaba en el viboreo casual. Cuando pude ver a las niñas en cuestión, volteé a ver a mi mejor amiga y las dos,casi al mismo tiempo, nos vimos obligadas a decir: guacamolitas*

Me molestan las etiquetas, pero las uso. Cuando un tipo me llega a gritar alguna guarrada en la calle, lo que pienso inmediatamente es: naco (ok… a veces pienso “inche naco” ); o cuando veo a una chava demasiado arreglada pienso cosas como plástica o fresa… como todos.

Lo malo es cuando las etiquetas te tocan a ti. Alguna vez, platicando con el infamous ex, me dijo que sus amigos lo molestaban cuando empezamos a salir porque “¿a poco vas a andar con la darketa?” … WTF?!?! Ok… admito que tengo una malsana obsesión con el color negro y que es un color que uso en mi ropa y accesorios con frecuencia… pero es porque me parece totalmente versátil, elegante y práctico. Pero jamás me verán llena de cadenas y con el cabello de mil colores y definitivamente no soy fan del animal print y ni siquiera me interesa el movimiento dark. Y heme en la situación en la que, ante los ojos de algunos de los jocks y los free-spirited de la escuela, yo era una darketa en toda la extensión de la palabra…

Otro amigo me definía como “hippie/pandrosa de boutique” porque soy de las que anda por la vida con faldas horrorosas y bufandas y playeras y cosas por el estilo (más cuando empecé la carrera)… pero admito mi malsana fascinación por las tiendas y las marcas. Sin embargo, creo que son etiquetas que se quedan en lo meramente aparente: el look y no van a lo demás.

Muchas veces se me ha acusado de rockera… digo acusado, porque es una falacia. Jamás he podido tocar un instrumento; me gusta cantar pero no creo ser buena y casi no lo hago… y definitivamente, aunque soy fanática del rock, tampoco voy por la vida vestida de cuero (o pleather, para los animal-friendly) y tacones de diez centímetros (si de por sí soy más alta que el promedio…)

A lo largo de mi vida me han dicho ecologista, come flores, intelectual… eeen fin. Creo que a todos les ha pasado. Pero la última etiqueta que me han impuesto ha sido la de … princesa indie. Y lo peor es que no fue ningún conocido, sino que fue Internet.

Verán: estoy desempleada desde el viernes pasado, por lo que ahora tengo muchísimo tiempo-ocio, por lo que en una de esas páginas de tests de personalidad en Internet me topé con un simpático test: the indie personality test.

¿Mi score? You are xxx% Indie!… [O.o] 

¿qué significa eso? Pues verán:

Compared to other takers

  • 66/100 You scored 73% on variable 1, higher than 66% of your peers.

    How everyone did

    • variable 1 Distribution

      variable 1

 

 

Seee… al parecer, el hecho de que me guste la comida orgánica, haga varios de mis propios accesorios (y cremas y mascarillas de belleza haha) y algunas veces mi ropa, que me guste la música de pj harvey, kate bush, sufjan stevens [o lo que sea, for god's sake! ] o que mucha gente no sepa de las películas/libros/bandas de las que les hablo me convierte en una natural-born indie…

Me pregunto qué seré cuando tenga 30…

—————–

*guacamolitas: también conocidas como “florecitas del pantano”; de acuerdo a un conocido de Frau Helga son aquellas jóvenes a las que no llevarías a una cena formal con tus papás ni le presentarías como tu novia a tus brothers, por aquello de que se le salga un “ira, vistes, juístes, oots, etc“; que no sepa usar los cubiertos o que mastique con la boca abierta, etc… pero a las cuáles, sin embargo, sí te dabas porque están sabrosas. Por lo general, saben que están sabrosas y se visten con pantalones pegados, ombligueras (esas playeritas que todas usábamos… en los noventa) y minifaldas para ir al súper, al antro, a la iglesia o a la comida familiar.   

Ver “cuerpo de tentación y cara de arrepentimiento”…

Casandra rediviva…

30 jun

Cuando Casandra nació, no lo hizo sola. Su mamá dio a luz a dos hermosos gemelos, que eran su adoración. Así, Casandra tenía a un doble en Heleno, su hermano. Y no sólo por el parecido físico, sino por un don compartido.

Cuenta la leyenda que cuando Hécabe-madre de los gemelos-dio a luz, su esposo Príamo organizó una gran fiesta en el templo de Apolo. Caída la noche, Hécabe dejó a los bebés en su habitación, en dos cunas idénticas. Cuando los felices padres fueron a ver a sus hijos, su horror fue mucho porque encontraron a dos serpientes idénticas lamiéndoles los ojos, la boca, los oídos, la nariz y las manos – órganos de los sentidos – para purificarlos. Así, tanto Casandra como Heleno obtuvieron un don: el don de la profecía.

A pesar de ser gemelos, el don se manifestó de forma distinta en los hermanos. Casandra tenía sueños proféticos, mientras que Heleno predecía el futuro por medio de las artes adivinatorias. Cuenta la leyenda que Apolo se enamoró perdidamente de la joven Casandra, pero que ésta lo desdeñó, por lo que Apolo le escupió en la boca y la maldijo retirándole el don de la persuasión, por lo que lo que salía de la boca de Casandra no era creído por nadie.

Así, Casandra vivía llena de frustración porque nadie le creía nada. Se dice que ella predijo la caída de Troya en varias ocasiones, pero por supuesto, nadie la escuchó.

A veces soy Casandra. No sé si sea intuición o un agudo poder de observación, pero de que sé qué va a pasar, sé qué va a pasar. Sobretodo, con la gente. Mil veces les he dicho a mis amigos X no te conviene… está jugando contigo por esto o por lo otro… Y va a reaccionar de tal o cuál forma…” y todos dicen “¿crees?, ¿estás segura?, ¿por qué lo dices?…” , pero nadie me toma en serio. Y traz. Termina por pasar. Todo lo que les digo pasa. Es desgastante y muy frustrante. Supongo que así se sentía la propia Casandra.

“Z… quiere contigo. Deberías ponerle un alto; marcarle un límite”. Por supuesto, no me creyó. “Es mi amiga. Sería la última persona…”

Hace unos días supe que no es su amiga. Que quiere con él. Que él no se la esperaba [toiiiiiiiiiiiiing! pero si yooooo se lo dijeeeeeee!!!!!!!] ¿Cómo me enteré? Me lo dijo la intuición. Eso y que ella no parece ser muy brillante… ni ella, ni su ex.

No me creyó. Como siempre. Como todos. Quizá me equivoqué de profesión. Debí ser adivina. O psicóloga. Ni hablar, que es muy tarde para dejar de ser comunicadora.

“¿Don o maldición?”, me pregunto a veces. Maldición. Esta vez, sólo esta vez, hubiera preferido estar equivocada.

Penélope y la espera…

15 jun

” Dicen en el pueblo que el caminante volvió; la encontró en su banco de
pino verde. La llamó:

Penélope, mi amante fiel, mi paz,deja ya de tejer sueños en tu
mente…Mírame, soy tu amor, regresé….

Le sonrió con los ojos llenitos de ayer; no era así su cara ni su
piel:

Tú no eres quien yo espero.

Y se quedó, con el bolso de piel marrón y sus zapatitos de tacón sentada en
la estación…” – J. M. Serrat

(gracias al blog de andru x la inspiración)…

Cuenta el mundo cuando cuenta que hace muchos pero muchos años vivía en la isla de Ítaca una mujer muy desdichada. Se llamaba Penélope y su desdicha consistía en la espera. Ella era la esposa de Odiseo, valiente guerrero que salió un día de Ítaca para conquistar nadie sabe qué cosas que sólo les dan a los hombres de repente… con la promesa de volver. Así que Penélope, enamorada como estaba, se quedó esperando y esperando a que su Odiseo regresara. Esperó veinte años, durante los cuáles se dedicó a tejer un sudario que deshacía por la noche, pues prometió a sus muchos pretendientes casarse cuando el sudario quedara terminado. Se dice que el día que lo terminó fue precisamente el día en que Odiseo regresó para matar a los pretendientes y quedarse con ella para siempre.

Siglos después, Penélope y Odiseo regresaron a la Tierra. Ella estaba enamorada de él. Él estaba enamorado de la vida. Cuenta la canción cuando la cantan que Odiseo se subió a un tren, y al despedirse de ella, le prometió volver antes ” que de los sauces caigan las hojas”. Penélope esperó y esperó y esperó, sentada en la estación del tren… hasta que un día su Odiseo volvió. Pero el tiempo había hecho eso que tan bien sabe hacer, y Penélope no pudo ver en el viajero al amor al que por tanto tiempo esperó. Bien dicen que quien se va no es quien regresa. Así que Penélope se quedó esperando, paciente, tejiendo sueños en su mente

La otra historia de Penélope me la encontré en un blog. Ella acababa de dar a luz a su pequeño hijo y su Odiseo tenía, como siempre, que partir. Ella estaba desesperada del encierro del embarazo y tampoco entendía muy bien cómo es que para Odiseo era más importante el trabajo. Su único contacto con el mundo era a través del msn, donde conversaba todo el tiempo con Ícaro. Un día Ícaro la invitó a tomar un café, pero ella lo rechazó porque “no es conveniente“. Ícaro estaba enamorado de ella. Y ella lo sabía. Y ella estaba sola. En el cuento, rechaza el café y termina todo ahí, final abierto para que en nuestras cabezas acabe la historia a nuestro agrado. Para mí, la historia termina así: Penélope ama a Odiseo, pero no puede esperar, por lo que acepta el café con Ícaro y las cosas se van dando, hasta que Penélope deja de tejer falsas esperanzas y se va a volar por los cielos con Ícaro, quien cuida de ella y del pequeño hijo de Odiseo como si fuera propio, y le enseña a Penélope que siempre se puede volver a comenzar.

La primera Penélope se aferró a la esperanza y creyó en el amor. Odiseo regresa para no irse jamás (aunque cuenta la leyenda que en el camino se casó con una reina que disque “lo embrujó”, pero si Penélope hubiera sabido yo creo que lo manda de regreso al mar…).

La segunda Penélope también se aferró, pero esta vez a la ilusión. Dejó su vida pasar y cuando su amor volvió (impuntual, además, y sabrá Dios éste con qué historias regresó porque la canción no nos las quiso contar), era demasiado tarde. Se quedó esperando a quien se fue, no a quien regresó. El que regresó no era a quien amaba, sino a quien se fue.

La tercera Penélope no esperó. Continuó con su vida y aprendió a sanar sus heridas. Voló a otros horizontes. La historia tampoco nos dice qué pasó con Odiseo (y eso es enteramente culpa mía), porque quien la cuenta no lo sabe a ciencia cierta (quizá en unos años, cuando otra casualidad me ponga de frente con Odiseo, les pueda platicar qué fue de su vida). Pero lo que sí puedo asegurar es que nunca olvidó a Penélope, y pasó noches desveladas extrañando su risa y su mirada.

En días como hoy, que saben más a melancolía que a cualquier otra cosa, me da por preguntarme cuál de los tres escenarios anteriores es el que me espera a mí.

penélope y la espera...

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.