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sterella

20 jul

Buscando el significado de mi nickname en las redes sociales (sterella), encontré un blog -mi primer blog- que hace mucho que no visito.

Ahí escribía en inglés, como dice la mosca, “feelings language”.

Lo empecé en 2008, creo, y al leerlo me dio mucha nostalgia por las cosas que ya pasaron, que en ese momento creía fundamentales y por algunas otras que no han cambiado.

Los invito, por puro morbo, a leerlo:

www.sterella.blogspot.com

Y procuraré escribir en él, en inglés, en letras rosas, my raves and rants.

el último y nos vamos…

19 ene

Hoy empiezo mi último semestre de la carrera. No lo puedo creer, sobretodo porque he pasado por tanto y he dejado tanto y he aprendido tantas cosas en estos casi 4 años… no puedo dejar de pensar en todas las personas que han estado a lo largo de este camino: amigos, ex amigos, maestros… gente que se queda y gente que sólo está un momento en tu vida, para enseñarte algo (de una forma buena o de una forma un poco más tóxica).

Como voy a estar trabajando en mi universidad, no puedo dejar de pensar en en inicio de la carrera, donde, irónicamente, empecé trabajando para mi universidad (en un programa de radio que se hacía llamar Rock in Retro, y donde conocí a tres de mis más queridos amigos: Adán babas, Rondrigo y a la mismísim@ Frau Helga). Creo que es una de las etapas que más añoro de la carrera, sobretodo porque la vida era mucho más sencilla entonces (y es irónico que me lo parezca…  la versión mía a la que le tocó vivir eso seguramente estaría en desacuerdo).

Empezar y terminar la carrera en radio me parece una forma muy redonda, muy simétrica de terminar mi licenciatura. A todos los que empiezan semestre hoy o en unas semanas, les deseo un feliz curso. De verdad aprovechen la uni, que se va en un abrir y cerrar de ojos.

Ya me puse (qué raro) melosa :P

La verdad es que iba a ponerles mi audición para el programa (la cuál es una verdadera vergüenza), pero no encuentro el disco. Prometo hacerlo en un rato de ocio.

1992 (o más atrás)

5 ene

Gracias a la dandy por la inspiración indirecta.

Son las 6:45 a.m. y sólo hay obscuridad. Hace frío. Son vacaciones. Es 5 de enero: uno de los días más largos de todo el año. Ya casi vienen los reyes y mis hermanos y yo no podemos esperar. El 6 de enero es mucho más largo: no podemos dormir y nos pueden dar las 12 de la noche y nosotros tres hablando bajito y escuchando por si arriba se oyen camellos o elefantes.  Pero aún no. Me levanto, tomo todas las cobijas que puedo y le digo a mi hermano que me siga. Él hace lo mismo.

Ella no. Mi hermanita es un león y sigue dormida. Ella casi nunca juega, porque es muy pequeña y porque nos gusta molestarla. Al asomarnos, nos damos cuenta de todos los peligros que tenemos que atravesar antes de llegar a nuestro objetivo: la cocina. La sala está obscura y el pasillo también. Puede que haya enemigos. Puede que al final del pasillo se abra la puerta y entonces todo estará perdido…

Pero no. Llegamos a la cocina. Hay que conseguir provisiones antes de montar el campamento. De las infinitas posibilidades de frascos y cajas encontramos justo lo que necesitamos: una barra de chocolate abuelita. La tomamos con la esperanza de que nadie note su desaparición y nos arrastramos de regreso a la sala, donde están las cobijas. Montamos un campamento fantasma y prendemos la televisión y esperamos… esperamos a que despierte el león (le decimos así por cómo se enoja y porque tiene el cabello chino y esponjado, como una melena) y el juego cambie, o despierten nuestros padres y se pregunten qué rayos hacemos acampando en medio de la sala.

Mientras, vemos el Pájaro Loco y comemos chocolate y el mundo se detiene y no hay nada, absolutamente nada, que nos pueda molestar.

Estamos en casa.

Au revoir séptimo…

12 dic

Es oficial: ayer terminé mi último examen de séptimo semestre: algunos exámenes con más pena que gloria (como la cochinada que entregó mi “brillante” nuevo equipo en la materia de Mario Pacheco. Para dar pena). Lo del supuesto plagio que hubo en los exámenes, safe para mí. Y falta la calificación de Terán y de Huerta y ya, podré respirar en paz.

Este semestre fue, por mucho, el peor de mi vida. Y extrañamente, no fue por las materias: como siempre, algunas valieron muchísimo la pena y otras (como Terán) fueron un verdadero robo.

Más bien fue por todos los cambios que transcurrieron durante este semestre, al menos para mí, que me dejaron con esta sensación de vacío pero también de absoluto alivio de que una etapa muy importante de mi vida llegó a su fin.

Ya lo he dicho antes: he estado física y emocionalmente agotada estos meses, pero es justo ahora que sí siento el paso inexorable del tiempo… que todo cura, pero a un alto precio.

Como el martes, por ejemplo. Después de dos meses que llevo tomando las “happy pills”, por fin pude llorar. No fue un llanto copioso, ni una chillada de esas que te dejan tan agotada que te quedas dormida hasta el día siguiente; fue un llanto mustio, quedo, de apenas unas cuántas lágrimitas… pero fueron lágrimas reales. Después de dos meses de no poder llorar.

Ahora veo hacia adelante: tengo alrededor de un mes de detox de todos los cambios (me veo tentada a llamarlos problemas) experimentados a lo largo de este semestre. Un mes para leer, para ir a trabajar con calma y no andar a las prisas por llegar a la universidad–el lugar más infeliz y más temido por mí en estos meses. Un mes para ver a mis amigos y para no ver a mis amistades. Un mes para llegar a casa y poder pasear a la Daika, para tomar clases de pilates, para correr en las mañanas, para ver todos los domingos sin pretexto a mi papá. Un mes para ordenar mi cuarto–la zona física más devastada por toda esta guerra emocional que me cargué en este tiempo. Un mes para terminar de sanar.

Platicando con M… y mi queridísima petite el martes me dí cuenta de varias cosas: que salí lastimada, pero que no me fuí impune. Que en el proceso, también lastimé, y es algo que jamás me había planteado hasta ese momento: estaba tan enfrascada en mi dolor, que no pude ver el daño que también infringí en los demás. Por primera vez, me puse en los zapatos del otro. Y me dí cuenta de que me urge perdonar y perdonarme.

Porque cuando llego a hablar de eso, mis ojos no mienten. El aparente estado de las cosas mías es uno, pero mis ojos me delatan y le dicen a mi interlocutor que añoro, que duele, que extraño… que me acuerdo. Quisiera que los ojos no hablaran el lenguaje del alma, al menos, por un tiempo.

Pero ya me estoy poniendo melosa y ése no es el punto. A lo que quiero llegar es a que sí, fue un semestre duro y de cambios y de pérdidas y de mucha agonía… pero también de muchas ganancias, aprendizaje y mucha fortaleza adquirida. Me siento también orgullosa de haber llegado, con todo y mis raspaduras, a la meta.

Así que antes de subir la cabeza hacia el último semestre de mi carrera (0ctavo, ahí te voy con tokio) y dirigirle mi mirada más altanera y más retadora, el recuento de los daños:

Las bajas (en ningún orden en particular):

  • Amistades (que no amigos, esos no se pierden jamás)
  • Al ex novio (good riddance)
  • Bajé de peso (y volvió y se volvió a ir y luego regresó… ¡como en el Monte de Piedad!)
  • Tiempo (por algunas materias)
  • Espacio (por aquello de los lugares a los que no me atreví a ir por prudencia y respeto… lástima que eso no fue recíproco)
  • Alegría (pero también obedece al principio del “Monte de Piedad” referido arriba)

Las ganancias:

  • Amigos
  • Experiencia (laboral y humana)
  • Sabiduría (o qué no hacer la próxima vez que esté en una situación similar)
  • Libertad (para hacer y deshacer con mi vida)
  • Paz mental
  • Quetzales (por aquello del empleo mal remunerado sin el cuál no podría vivir)
  • Teófilo (osea, mi ipod rosa)
  • Perspectiva (regalo patrocinado por el inexorable paso del tiempo)
  • Seguridad (en mí, en mis capacidades, en mi suerte y en mi intuición)

Pues no sé ustedes, pero yo lo veo bastante balanceado…

La verdad es que muchas veces he dicho que de repetirlo, no lo haría. Pero no estoy tan segura ahora de que podría seguir como antes, sin todo lo que aprendí y todo lo que obtuve en esta etapa de mi vida. No sé si pude haber seguido así, tan asfixiada y estancada el resto de mi vida, atada a cosas y circunstancias que no eran para mí, que no merezco y que no me hacían ninguna gracia.

Ahora queda terminar de asimilar lo vivido y lo aprendido, desechar lo que no me sirve y esperar, pacientemente, las cosas buenas que me depare el mañana.

Ah, y a echar el drink con los de la oficina, porque hoy es el brindis y parece que se va a poner simpático el asunto.

 Au revoir séptimo. Y que venga lo bueno.

protegida

23 sep

Hace ya casi cuatro años que salí de la prepa. Ayer, justamente, pasé junto a la que fue mi secundaria y preparatoria (pasé 7 años de mi vida entre sus patios y paredes color mamey porque me aventé double program y con él, cuatro años de prepa intensiva). Y que me invade la nostalgia.

Porque entonces, nuestras principales preocupaciones eran los exámenes y los chismes y los cocteles. Porque lo peor que podía pasarte era tronar un examen (para las de double program, porque éramos re-ñoñas con todo y lo rebeldes que nos poníamos) o tener un friego de tarea. Y lo mejor que podía pasarte era que un profe faltara y poderte ir a la cafe a comer como si no hubiera mañana. O los jueves en los que nos dejaban salir a las de sexto al mercadito a la hora del recreo (yo nunca me perdí un “jueves de mercadito” con Dan, Carlo y Manuel de visita, y es algo de lo que no me arrepiento). Porque ayer me dí cuenta de que los años sí pesan y de que eso que dicen las mamás es cierto: la vida cada vez se va poniendo más y más complicada.

Porque antes no me interesaban Darfur o Namibia o KeniaOsetia. Porque no me invadían las ganas locas de salir corriendo a filmar lo que está pasando en otros lugares del mundo, aunque en el empeño exponga la propia vida. Porque antes las posibilidades no sólo eran infinitas, sino que verosímiles (todas). Porque podías despertar con ganas de ser antropóloga un día; al día siguiente astronauta y el día de “elegir carrera” te decidías a ser comunicadora. Porque todas las “traiciones” se perdonaban con cartitas llenas de diamantina de las plumas de colores que comprabas a 10 pesos en la “pape”. Porque te reías hasta que te dolía la panza y podías irte en pijama a la escuela y nadie te decía nada. Porque estabas protegida del mundo y sus p…tadas.

Porque se valía reirte en las clases y disfrazarte de sirena con un pedazo de periódico o de papel celofán.

Porque aún eras inocente y creer era la palabra que te definía.

 

 

feliz día del niño…

30 abr

ayer: preparándome para la kermesse en la primaria, donde todas las maestras se disfrazaban y ponían stands donde te maquillaban, te casaban o hasta te asustaban. Era el día en el que las maestras estaban enteramente al servicio de nuestros caprichos, donde el patio se convertía en zona de guerra de globos de agua y el salón de música en la casa embrujada. El día en el que podías comer en el salón y las maestras te regalaban dulces y juguetes del mercado (de esos cuya duración y calidad–nula–es inversamente proporcional a la diversión que generan) y que podías ser lo que quisieras. Podías tomar el micrófono y cantar; podías bailar; podías pisar el pasto y no hacer nada… y al llegar a casa, tu comida favorita, un montón de regalos y golosinas y todos tus primitos esperando junto con tus hermanitos (en mi caso, más pequeños y chimuelos) para jugar y jugar hasta que muriera el día.

hoy: van a ser las 12 de la noche. Lloré como Magdalena. Me desahogo escribiendo en el blog. En el tumulto de mi día, previo al 30 de abril, recordé como de milagro la sensación que dicha fecha nos causaba: deseo de que “ya fuera mañana”, ganas de correr, el sabor de los dulces, las risas, entrar a todos los juegos. La tan trillada “inocencia de cuando se es niño” (que a mí me sabe a cero obligaciones más que la de jugar con mi perra o ver determinado programa). El hecho de que todo lo que te dolía era una muela (o la panza por tanta mugre) y todo lo que podía lastimarte era una piedra (por aquello de las caídas) o un fantasma en tu cabeza. Hoy, a mis 22 años, festejaré el Día del Niño con un congreso sobre la TV y los Efectos en niños menores de 2 años… ni hablar.

(pero mi mamá nos sigue viendo como chiquillos y nos compró unos chocolates que se supone que yo no he visto aún… cuiiii!!! )

FELIZ DÍA DEL NIÑO. NO DEJEN DE SOÑAR.

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