Archivos por Etiqueta: melancolía

sterella

20 jul

Buscando el significado de mi nickname en las redes sociales (sterella), encontré un blog -mi primer blog- que hace mucho que no visito.

Ahí escribía en inglés, como dice la mosca, “feelings language”.

Lo empecé en 2008, creo, y al leerlo me dio mucha nostalgia por las cosas que ya pasaron, que en ese momento creía fundamentales y por algunas otras que no han cambiado.

Los invito, por puro morbo, a leerlo:

www.sterella.blogspot.com

Y procuraré escribir en él, en inglés, en letras rosas, my raves and rants.

¿Te acuerdas de Lake Tahoe?

9 ene

Ayer vi (por fin) la segunda película del talentoso y muy, muy atractivo director mexicano Fernando Eimbcke, titulada Lake Tahoe.

De inicio, me pareció muy lenta. Como que tanta toma tan abierta de las calles se me hacía de más, pero conforme avanza la película, es precisamente esa lentitud la que te ayuda a internarte en el mundo del protagonista.

Tenía mucho que una película no me hacía llorar. Quizá porque me ha tocado experimentar el vacío y la sinrazón que te deja el abandono (en este caso, la muerte) de una de las figuras paternas o la muerte de las personas a las que quieres… no lo sé, pero creo que cualquier persona que haya atravesado por una ausencia se sentirá identificada con la película y no le podrá parecer indiferente.

Hay varias escenas que son tan cotidianas que parecen sacadas de la vida de cualquiera de nosotros. Pero hay una que me dejó helada: la chica y el chico enfrente uno del otro. Ella se insinúa. Él, quieto como en casi toda la película. Ella le saca la playera y se saca la blusa. Están parcialmente desnudos. Él la abraza y por primera vez, quizá, desde que su padre murió, logra llorar.

Pocas películas logran captar la vida ordinaria de una forma que le hable directamente a las experiencias del que la ve y Lake Tahoe es una de ellas.

lake tahoe

lake tahoe

1992 (o más atrás)

5 ene

Gracias a la dandy por la inspiración indirecta.

Son las 6:45 a.m. y sólo hay obscuridad. Hace frío. Son vacaciones. Es 5 de enero: uno de los días más largos de todo el año. Ya casi vienen los reyes y mis hermanos y yo no podemos esperar. El 6 de enero es mucho más largo: no podemos dormir y nos pueden dar las 12 de la noche y nosotros tres hablando bajito y escuchando por si arriba se oyen camellos o elefantes.  Pero aún no. Me levanto, tomo todas las cobijas que puedo y le digo a mi hermano que me siga. Él hace lo mismo.

Ella no. Mi hermanita es un león y sigue dormida. Ella casi nunca juega, porque es muy pequeña y porque nos gusta molestarla. Al asomarnos, nos damos cuenta de todos los peligros que tenemos que atravesar antes de llegar a nuestro objetivo: la cocina. La sala está obscura y el pasillo también. Puede que haya enemigos. Puede que al final del pasillo se abra la puerta y entonces todo estará perdido…

Pero no. Llegamos a la cocina. Hay que conseguir provisiones antes de montar el campamento. De las infinitas posibilidades de frascos y cajas encontramos justo lo que necesitamos: una barra de chocolate abuelita. La tomamos con la esperanza de que nadie note su desaparición y nos arrastramos de regreso a la sala, donde están las cobijas. Montamos un campamento fantasma y prendemos la televisión y esperamos… esperamos a que despierte el león (le decimos así por cómo se enoja y porque tiene el cabello chino y esponjado, como una melena) y el juego cambie, o despierten nuestros padres y se pregunten qué rayos hacemos acampando en medio de la sala.

Mientras, vemos el Pájaro Loco y comemos chocolate y el mundo se detiene y no hay nada, absolutamente nada, que nos pueda molestar.

Estamos en casa.

ya no soy….

25 oct

la infantil criatura; la inocencia se acabó…

Y me duele. Me duele estar en este punto en el que soy incapaz de separar procesos; de separar lo vano de lo que verdaderamente perdura y de ver más allá de las cosas. Me duele darme cuenta de que, en efecto, el corazón, como leí en este blog, se te vaya vaciando hasta que te quedas con un corazón lleno de costras qué ofrecer. Me duele darme cuenta de que espero la desgracia ajena; que me da gusto saber que al que me lastimó lo están jodiendo de la misma, exactamente la misma manera. Me duele porque sé que algo en mí que era puro se murió; que algo en mí que era transparente se me fue irremediablemente…

Todo lo anterior me hace desear ser mejor persona; ser una mujer más pura, menos superficial. Menos rencorosa y más capacitada para perdonar. Menos orgullosa y mucho más terrestre. Menos categórica y mucho más abierta. Menos yo y más cualquier otra

O al menos, regresar al punto exacto en el que no se me había roto nada importante. Estarme completa, intacta, limpia, pura y con mi esperanza y mi fe en la vida, el amor, el bien, la verdad, la belleza y la justicia al 100. Al punto exacto en que la magia se me revelaba como cosa de todos los días; el precioso instante en el que era capaz de estar profundamente agradecida.

Eso último… no juega. Estoy agradecida; agradezco el aire frío, las muestras de amistad, las risas, los buenos momentos, un buen acorde de guitarra; agradezco el Ángel, las casualidades, comer con mi papá, las experiencias, las amistades nuevas y viejas, las tardes tranquilas y las latas de Dr. Pepper que cada vez me gustan más. Pero una parte de mí (la que no separa procesos, ideas, pasados ni presentes) no sabe apreciar lo que tiene enfrente. Es la parte de mí que desea fervorosamente un cometa en el 31, una infidelidad comprobada, una expiación dolorosa (comparable a cualquier martirio de cualquier época); una justicia divina que ponga todo en su lugar. Es la parte de mí que quisiera darle fast forward a la vida para comprobar que [nombre] va a quedarse solo(a)/triste/vacío(a) mientras que [nombre] se va a arrepentir/enorgullecer/acordar/olvidar de [algo] toda su vida porque [nombre] nunca va a volver/irse/querer/olvidar/perdonar y por supuesto, [nombre] va a pedirme/darme/suplicarme/reclamarme [algo] que me va a cambiar la vida/el día/las ideas. Es la parte de mí que más niego pero más me habla últimamente; la parte de mí que más me asusta.

[La parte de mí que más me avergüenza]

 

protegida

23 sep

Hace ya casi cuatro años que salí de la prepa. Ayer, justamente, pasé junto a la que fue mi secundaria y preparatoria (pasé 7 años de mi vida entre sus patios y paredes color mamey porque me aventé double program y con él, cuatro años de prepa intensiva). Y que me invade la nostalgia.

Porque entonces, nuestras principales preocupaciones eran los exámenes y los chismes y los cocteles. Porque lo peor que podía pasarte era tronar un examen (para las de double program, porque éramos re-ñoñas con todo y lo rebeldes que nos poníamos) o tener un friego de tarea. Y lo mejor que podía pasarte era que un profe faltara y poderte ir a la cafe a comer como si no hubiera mañana. O los jueves en los que nos dejaban salir a las de sexto al mercadito a la hora del recreo (yo nunca me perdí un “jueves de mercadito” con Dan, Carlo y Manuel de visita, y es algo de lo que no me arrepiento). Porque ayer me dí cuenta de que los años sí pesan y de que eso que dicen las mamás es cierto: la vida cada vez se va poniendo más y más complicada.

Porque antes no me interesaban Darfur o Namibia o KeniaOsetia. Porque no me invadían las ganas locas de salir corriendo a filmar lo que está pasando en otros lugares del mundo, aunque en el empeño exponga la propia vida. Porque antes las posibilidades no sólo eran infinitas, sino que verosímiles (todas). Porque podías despertar con ganas de ser antropóloga un día; al día siguiente astronauta y el día de “elegir carrera” te decidías a ser comunicadora. Porque todas las “traiciones” se perdonaban con cartitas llenas de diamantina de las plumas de colores que comprabas a 10 pesos en la “pape”. Porque te reías hasta que te dolía la panza y podías irte en pijama a la escuela y nadie te decía nada. Porque estabas protegida del mundo y sus p…tadas.

Porque se valía reirte en las clases y disfrazarte de sirena con un pedazo de periódico o de papel celofán.

Porque aún eras inocente y creer era la palabra que te definía.

 

 

¿te acuerdas?

30 jul

Poema de Alfonsina Storni:

¿TE ACUERDAS?

Mi boca con un ósculo travieso
buscó a tus golondrinas, traicioneras,
y sentí tus pestañas prisioneras
palpitando en las combas de mi beso.

Me libró la materia de su peso…
pasó por mí un fulgor de primaveras
y el alma anestesiada de quimeras
conoció la fruición del embeleso.

Fue un momento de paz tan exquisito
que yo sorbí la luz del infinito
y me asaltó el deseo de llorar.

¿Te acuerdas que la tarde se moría
y mientras susurrabas: “¡Mía! ¡Mía!”
como un niño me puse a sollozar?….

we even flew a little…

18 jul

A PITY. WE WERE SUCH A GOOD INVENTION

Yehuda Amichai

They amputated

Your thighs off my hips.

As far as I’m concerned

They are all surgeons. All of them.

They dismantled us

Each from the other.

As far as I’m concerned

They are all engineers. All of them.

A pity. We were such a good

And loving invention.

An aeroplane made from a man and wife.

Wings and everything.

We hovered a little above the earth.

We even flew a little.

¿sabré yo de suspiros…?

1 jul

Hoy me hace pensar este poema, que el tiempo transcurre de forma tan rápida que a mis ojos parece lenta. Y el corazón entiende ese lenguaje y olvida, cada día, el ayer que era tan cercano y que hoy parece la página de otro día que ya fue y no volverá. El poema:

UN DÍA…

Alfonsina Storni

Andas por esos mundos como yo; no me digas
que no existes, existes, nos hemos de encontrar;
no nos conoceremos, disfrazados y torpes
por los caminos echaremos a andar.

No nos conoceremos, distantes uno de otro
sentirás mis suspiros y te oiré suspirar.
¿Dónde estará la boca, la boca que suspira?
Diremos, el camino volviendo a desandar.

Quizá nos encontremos frente a frente algún día,
quizá nuestros disfraces nos logremos quitar.
Y ahora me pregunto… cuando ocurra, si ocurre,
¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?

siendo sirena…

30 abr

Home, home again.
I like to be here when I can.
When I come home cold and tired
It’s good to warm my bones beside the fire.
Far away across the field
The tolling of the iron bell
Calls the faithful to their knees
To hear the softly spoken magic spells

Breathe (reprise) – Pink Floyd

Respirar debajo del agua es querer ser como los sapos. Es querer tener branquias u odiar mucho tus pulmones. Es querer ser renacuajo.

Y yo no quiero ser ni rana ni pez ni ajolote. Quiero ser sirena. Y las sirenas respiran. Y cantan. Yo hace mucho que no canto nada. Y hace mucho más que no salgo a la superficie a respirar.

“Hoy no”, me decía a mí misma. “Hoy no es buen momento, hay marea (alta o baja, daba igual)… amenaza maremoto¿para qué, si las aguas están calmas?chin, ya azotó la tormenta…

“Hoy sí”, me dije. Había huracán, pero yo estaba ya en el ojo … subí a la superficie, poquito a poco, siguiendo el reflejo de la luna en el agua cristalina… subí a la superficie y canté a sollozos que ya no aguantaba más, que los celos me comían, que no quiero ser renacuajo y que me daba miedo subir, sentir el aire en mi piel… y respirar hasta que el aire no cupo más en mis pulmones… y recordé que no nací con branquias.

Por eso soy sirena. Porque un día un ave y un pez se enamoraron y se dedicaron horas y días enteras para mirarse, conocerse y reconocerse y, al final, se quedaron inmersos en la contemplación absorta del otro sin llegar nunca a tocarse ni a sentirse. Conversaban mucho, eso sí, y se contaban del mundo del mar y del aire. Pero de sentirse, nada. Hasta que finalmente llegaron a la conclusión de que ave y pez no nacieron para amarse y cada quién siguió su corriente: pez al agua y ave, al aire.

Pero como yo no soy de las que se rinden fácilmente, me hice de un par de aletas y de muchas lentejuelas por escamas y me lancé a las profundidades del océano, sin saber siquiera nadar. Me lancé porque yo era como el ave: un ser de un sólo elemento que no contaba con que su corazón se perdería en dos ojos de mar. Como el ave, pero más lista: me sumergí, aletas, lentejuelas y suspiros cargados de oxígeno, en busca de tu piel; me sumergí tanto que se me olvidó respirar y tanto, que casi me ahogo en los misterios de la profundidad.

Hoy que, por fin, subí a la superficie y mis lágrimas de coral se secaron en tu playa recordé por qué las sirenas también necesitan respirar. Y cantar. Porque tanto mar te ahoga y tanta sal te quema.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.