Archivos por Etiqueta: ironías

sterella

20 jul

Buscando el significado de mi nickname en las redes sociales (sterella), encontré un blog -mi primer blog- que hace mucho que no visito.

Ahí escribía en inglés, como dice la mosca, “feelings language”.

Lo empecé en 2008, creo, y al leerlo me dio mucha nostalgia por las cosas que ya pasaron, que en ese momento creía fundamentales y por algunas otras que no han cambiado.

Los invito, por puro morbo, a leerlo:

www.sterella.blogspot.com

Y procuraré escribir en él, en inglés, en letras rosas, my raves and rants.

el último y nos vamos…

19 ene

Hoy empiezo mi último semestre de la carrera. No lo puedo creer, sobretodo porque he pasado por tanto y he dejado tanto y he aprendido tantas cosas en estos casi 4 años… no puedo dejar de pensar en todas las personas que han estado a lo largo de este camino: amigos, ex amigos, maestros… gente que se queda y gente que sólo está un momento en tu vida, para enseñarte algo (de una forma buena o de una forma un poco más tóxica).

Como voy a estar trabajando en mi universidad, no puedo dejar de pensar en en inicio de la carrera, donde, irónicamente, empecé trabajando para mi universidad (en un programa de radio que se hacía llamar Rock in Retro, y donde conocí a tres de mis más queridos amigos: Adán babas, Rondrigo y a la mismísim@ Frau Helga). Creo que es una de las etapas que más añoro de la carrera, sobretodo porque la vida era mucho más sencilla entonces (y es irónico que me lo parezca…  la versión mía a la que le tocó vivir eso seguramente estaría en desacuerdo).

Empezar y terminar la carrera en radio me parece una forma muy redonda, muy simétrica de terminar mi licenciatura. A todos los que empiezan semestre hoy o en unas semanas, les deseo un feliz curso. De verdad aprovechen la uni, que se va en un abrir y cerrar de ojos.

Ya me puse (qué raro) melosa :P

La verdad es que iba a ponerles mi audición para el programa (la cuál es una verdadera vergüenza), pero no encuentro el disco. Prometo hacerlo en un rato de ocio.

¿Princesa Indie…?

18 dic

Etiquetas… a todo el mundo le molestan, pero todo mundo las usa. Al menos yo me declaro totalmente culpable de ponerle etiquetas a las personas. Ayer estaba con mi mejor amiga tomando el trago coqueto (hmmm cosmopolitans) mientras esperábamos al técnico de Apple y no pudimos evitar voltear a ver a las chavitas de la mesa de al lado, las cuáles eran obviamente niñas que no tendrían más de 18 años (porque en este lugar sí te pedían la credencial). Las dos las observamos, mi amiga un poco más porque le quedaban de frente… y dijo algo como que estaba en el viboreo casual. Cuando pude ver a las niñas en cuestión, volteé a ver a mi mejor amiga y las dos,casi al mismo tiempo, nos vimos obligadas a decir: guacamolitas*

Me molestan las etiquetas, pero las uso. Cuando un tipo me llega a gritar alguna guarrada en la calle, lo que pienso inmediatamente es: naco (ok… a veces pienso “inche naco” ); o cuando veo a una chava demasiado arreglada pienso cosas como plástica o fresa… como todos.

Lo malo es cuando las etiquetas te tocan a ti. Alguna vez, platicando con el infamous ex, me dijo que sus amigos lo molestaban cuando empezamos a salir porque “¿a poco vas a andar con la darketa?” … WTF?!?! Ok… admito que tengo una malsana obsesión con el color negro y que es un color que uso en mi ropa y accesorios con frecuencia… pero es porque me parece totalmente versátil, elegante y práctico. Pero jamás me verán llena de cadenas y con el cabello de mil colores y definitivamente no soy fan del animal print y ni siquiera me interesa el movimiento dark. Y heme en la situación en la que, ante los ojos de algunos de los jocks y los free-spirited de la escuela, yo era una darketa en toda la extensión de la palabra…

Otro amigo me definía como “hippie/pandrosa de boutique” porque soy de las que anda por la vida con faldas horrorosas y bufandas y playeras y cosas por el estilo (más cuando empecé la carrera)… pero admito mi malsana fascinación por las tiendas y las marcas. Sin embargo, creo que son etiquetas que se quedan en lo meramente aparente: el look y no van a lo demás.

Muchas veces se me ha acusado de rockera… digo acusado, porque es una falacia. Jamás he podido tocar un instrumento; me gusta cantar pero no creo ser buena y casi no lo hago… y definitivamente, aunque soy fanática del rock, tampoco voy por la vida vestida de cuero (o pleather, para los animal-friendly) y tacones de diez centímetros (si de por sí soy más alta que el promedio…)

A lo largo de mi vida me han dicho ecologista, come flores, intelectual… eeen fin. Creo que a todos les ha pasado. Pero la última etiqueta que me han impuesto ha sido la de … princesa indie. Y lo peor es que no fue ningún conocido, sino que fue Internet.

Verán: estoy desempleada desde el viernes pasado, por lo que ahora tengo muchísimo tiempo-ocio, por lo que en una de esas páginas de tests de personalidad en Internet me topé con un simpático test: the indie personality test.

¿Mi score? You are xxx% Indie!… [O.o] 

¿qué significa eso? Pues verán:

Compared to other takers

  • 66/100 You scored 73% on variable 1, higher than 66% of your peers.

    How everyone did

    • variable 1 Distribution

      variable 1

 

 

Seee… al parecer, el hecho de que me guste la comida orgánica, haga varios de mis propios accesorios (y cremas y mascarillas de belleza haha) y algunas veces mi ropa, que me guste la música de pj harvey, kate bush, sufjan stevens [o lo que sea, for god's sake! ] o que mucha gente no sepa de las películas/libros/bandas de las que les hablo me convierte en una natural-born indie…

Me pregunto qué seré cuando tenga 30…

—————–

*guacamolitas: también conocidas como “florecitas del pantano”; de acuerdo a un conocido de Frau Helga son aquellas jóvenes a las que no llevarías a una cena formal con tus papás ni le presentarías como tu novia a tus brothers, por aquello de que se le salga un “ira, vistes, juístes, oots, etc“; que no sepa usar los cubiertos o que mastique con la boca abierta, etc… pero a las cuáles, sin embargo, sí te dabas porque están sabrosas. Por lo general, saben que están sabrosas y se visten con pantalones pegados, ombligueras (esas playeritas que todas usábamos… en los noventa) y minifaldas para ir al súper, al antro, a la iglesia o a la comida familiar.   

Ver “cuerpo de tentación y cara de arrepentimiento”…

if you want to destroy my sweater…

30 oct

let’s be friends and just walk away…

-Weezer. The Sweater Song

Hace alrededor de un año era la orgullosa poseedora de unos zapatos embrujados (conocidos también como los zapatos de pendejuelas). Me encantaban mis zapatos embrujados, salvo por el hecho de que una terrible maldición hacía que cada vez que me los ponía, invariablemente (bueno, no tan tajante, pero sí muy seguidamente) lloviera.

Los perdí en junio, en un Bar de Sanborns, saliendo de Expomanagement. Ya estaban bastante gastados, pero yo los amaba, porque eran cómodos y combinaban con todo (eran negros).

Ayer me dí cuenta de que soy la no tan feliz poseedora de un suéter embrujado. En realidad, es una sudadera, una de mis favoritas, y también es negra. Está embrujada no porque llueva cuando la traigo, sino porque últimamente cada que me encuentro a alguien a quien quisiera no volver a ver jamás, la traigo puesta. No sé si sea casualidad (yo quiero creer que está de verdad embrujada… no cabe otra explicación), pero ayer me la puse con el firme propósito de probar -con absoluto rigor científico- si la maldición es verdadera: me puse la sudadera y razoné que si aquél abominable ser se aparecía ante mi vista, la sudadera estaba embrujada.

Cabe resaltar que la sudadera maldita estuvo un mes o poco más en la cajuela de V… y que este hecho coincidió con un mes (más o menos) en que mi vista no era perturbada por tan desagradable ser del pasado. Fue cuando la recuperé que empezaron las apariciones.

¿El resultado? Van tres veces que me la pongo en estas dos semanas y van tres veces que este hecho aparentemente inconexo coincide con un avistamiento del asqueroso ser. Por otro lado, no han sucedido percances similares cuando no traigo la sudadera. Además, parece que la aparición se siente atraída hacia la sudadera, porque no tengo que danzar por la universidad para propiciar un avistamiento, sino que sólo basta con que la traiga puesta y el ser va directamente a mi salón… el idiota.

La conclusión, por tanto, es evidente: tengo un suéter embrujado. Tal vez deba dejarlo abandonado en un Bar de Sanborns durante la hora feliz para que la maldición se termine. O sólo deba dejar de usarlo por un tiempo.

Porque una cosa es que te llueva cuando traes zapatos embrujados y se te mojen los deditos y se te congelen, y otra muy distinta es tener que estar aguantando visiones que desearías muertas hace largo tiempo (y que nadamás te da rabia presenciar). Bien vale la pena prescindir de mi sudadera.

Casandra rediviva…

30 jun

Cuando Casandra nació, no lo hizo sola. Su mamá dio a luz a dos hermosos gemelos, que eran su adoración. Así, Casandra tenía a un doble en Heleno, su hermano. Y no sólo por el parecido físico, sino por un don compartido.

Cuenta la leyenda que cuando Hécabe-madre de los gemelos-dio a luz, su esposo Príamo organizó una gran fiesta en el templo de Apolo. Caída la noche, Hécabe dejó a los bebés en su habitación, en dos cunas idénticas. Cuando los felices padres fueron a ver a sus hijos, su horror fue mucho porque encontraron a dos serpientes idénticas lamiéndoles los ojos, la boca, los oídos, la nariz y las manos – órganos de los sentidos – para purificarlos. Así, tanto Casandra como Heleno obtuvieron un don: el don de la profecía.

A pesar de ser gemelos, el don se manifestó de forma distinta en los hermanos. Casandra tenía sueños proféticos, mientras que Heleno predecía el futuro por medio de las artes adivinatorias. Cuenta la leyenda que Apolo se enamoró perdidamente de la joven Casandra, pero que ésta lo desdeñó, por lo que Apolo le escupió en la boca y la maldijo retirándole el don de la persuasión, por lo que lo que salía de la boca de Casandra no era creído por nadie.

Así, Casandra vivía llena de frustración porque nadie le creía nada. Se dice que ella predijo la caída de Troya en varias ocasiones, pero por supuesto, nadie la escuchó.

A veces soy Casandra. No sé si sea intuición o un agudo poder de observación, pero de que sé qué va a pasar, sé qué va a pasar. Sobretodo, con la gente. Mil veces les he dicho a mis amigos X no te conviene… está jugando contigo por esto o por lo otro… Y va a reaccionar de tal o cuál forma…” y todos dicen “¿crees?, ¿estás segura?, ¿por qué lo dices?…” , pero nadie me toma en serio. Y traz. Termina por pasar. Todo lo que les digo pasa. Es desgastante y muy frustrante. Supongo que así se sentía la propia Casandra.

“Z… quiere contigo. Deberías ponerle un alto; marcarle un límite”. Por supuesto, no me creyó. “Es mi amiga. Sería la última persona…”

Hace unos días supe que no es su amiga. Que quiere con él. Que él no se la esperaba [toiiiiiiiiiiiiing! pero si yooooo se lo dijeeeeeee!!!!!!!] ¿Cómo me enteré? Me lo dijo la intuición. Eso y que ella no parece ser muy brillante… ni ella, ni su ex.

No me creyó. Como siempre. Como todos. Quizá me equivoqué de profesión. Debí ser adivina. O psicóloga. Ni hablar, que es muy tarde para dejar de ser comunicadora.

“¿Don o maldición?”, me pregunto a veces. Maldición. Esta vez, sólo esta vez, hubiera preferido estar equivocada.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.