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sterella

20 jul

Buscando el significado de mi nickname en las redes sociales (sterella), encontré un blog -mi primer blog- que hace mucho que no visito.

Ahí escribía en inglés, como dice la mosca, “feelings language”.

Lo empecé en 2008, creo, y al leerlo me dio mucha nostalgia por las cosas que ya pasaron, que en ese momento creía fundamentales y por algunas otras que no han cambiado.

Los invito, por puro morbo, a leerlo:

www.sterella.blogspot.com

Y procuraré escribir en él, en inglés, en letras rosas, my raves and rants.

gunning down the romance…

25 oct

Últimamente, he tenido varios encontronazos (por no decir deslices) que me han hecho pensar. Demasiado. En uno de esos tantos y repetitivos momentos de duda, enojo, malos entendidos – sobretodo malos entendidos – un buen y cercano amigo me explicó la sutil pero escurridiza diferencia; aquella sutileza que si bien yo no podía definir, me hacía sentir, de alguna forma, algo triste (por no decir vacía):

“lo que yo veo es que ese wey te está ligando. Intentó conquistarte y en ese tiempo te sentías contenta. Pero ahora, te está ligando. Y hay una gran diferencia: conquistar implica a los sentimientos, mientras que ligar es como más enfocado a la atracción”.

Y que me pega como un rayo. Entonces entendí que yo prefiero la conquista al ligue. No es que el ligue esté mal: es siempre gratificante sentirse bella y deseada. Pero la conquista no sólo implica que se es deseada, sino que se es deseada en diversos niveles y por miles de formas. No es un deseo fugaz, sino un deseo proyectado hacia el futuro y hacia el bien. Así, se le desea el bien a la otra persona, se desea pasar tiempo con esta persona, se desea verla feliz, hacerla sonreír, ayudarla, protegerla, cuidarla… la conquista y el ligue persiguen fines completamente diferentes.

La conquista implica paciencia, cariño, entrega, sacrificio; es un proceso lento, de conocer al otro, de quererlo a pesar de sus defectos, de lograr que el otro vea lo que vemos en él (o ella). La conquista implica compromiso; el compromiso de no dejar de conquistar – de ganarnos – al otro en el tiempo. Es permanente; no es un jugueteo rápido ni un “flirteo” como el ligue.

La conquista nos hace sacar lo mejor que tenemos y no sólo eso, sino brindarlo al otro. Es emocionante, es un proceso de pequeñas batallas ganadas, de logros… Hoy en día, son pocos los hombres que se atreven a lanzarse a la conquista. Yo creo que por eso las relaciones no duran; es muy fácil salir con alguien tres o cuatro veces y empezar a ser novios. Y las cosas se van perdiendo: el romance, el interés, el conocer al otro, la entrega, la emoción de ir descubriendo cosas juntos… y las personas se aburren y las relaciones terminan. Eso sumado a que hoy en día hay pocos hombres que se toman la caballerosidad en serio. Alguna vez, saliendo con alguien, seguí el consejo de un amigo: si no te abre la puerta, no te bajes del coche hasta que lo haga. El cuate me abrió la puerta, pero se quejó de mí amargamente cuando habló con mi mejor amiga. ¡Lo hice abrirme la puerta! ¿Pueden creerlo?

Cuando estaba siendo conquistada me abría la puerta. Me llamaba todos los fines de semana. Me invitaba a comer. Todo eso es muy lindo y sí, las mujeres podemos abrir nuestras puertas, no nos morimos si no nos llaman y somos perfectamente capaces de comprar nuestra propia comida. Va mucho más allá: les da la oportunidad de ser protectores, de hacernos sentir especiales: de ser caballeros. Y a nosotras nos halaga. No es el que gasten. No es el que nos abran la puerta o nos compren regalos carísimos. Es que nos pongan atención. Que se fijen en qué cosas son las que nos gustan, las que nos molestan. Que estén ahí para escucharnos y ayudarnos. Eso es el verdadero romance.

El ligue, por el contrario, persigue el inmediato. Ve lo que puede obtener, lo que puede alcanzar. Se va por lo superficial (qué tan bien se ve la chica en cuestión con esa minifalda o el escote) y no busca profundizar ni crear un vínculo. El mensaje subtextual es “me gustas, pero no me interesa más de ti; podría no saber tu nombre y aún así besarte o llevarte a la cama”. Como dije antes, hasta cierto punto resulta reafirmante el saber que se puede despertar esa clase de deseo pero a la larga, no es suficiente para ninguno de los dos géneros.

Creo que la caballerosidad está muerta y creo que en parte las mujeres lo permitimos. No estoy pugnando ni pidiendo caballerosidad, sino conquista. Quiero saber que la persona con la que estoy me eligió porque vio en mí más que un escote. Y quiero que sepa que lo elegí porque ví en él más que lo que pudo comprarme o porque me abrió una puerta.

Volvió…

17 jul

Revisando los anales (sin albur) de la Caja de Petri, descubrí que tiene más de un mes que no soy para darme una vuelta por estos lares y ponerme a escribir. Lazy, lazy me. El problema principal radica en que, pues, ya terminé la carrera (***aplausos***) y pues este mes y tanto que descuidé el blog se me fue en trabajar como loca, exámenes, entregas y un video para el Acto Académico (ah sí, y el speech que me tocó dar y que salió medio de tristeza porque se me caían los lentes mientras leía y estaba muy, muy nerviosa) y la Graduación.

Pero he vuelto, porque recordé lo mucho que quiero este pequeño espacio, lo mucho que  me gusta escribir y lo divertido que ha sido encontrar aquí un modo de externar todas las cosas que mucho me agobian y que mucho me divierten de esta, mi vida.

No han pasado grandes cosas. Sigo esperando a ser contratada en mi H.H. universidad. Así que tengo trabajo porque sigo viniendo (estoy justo en dicho lugar, ahora) y sigo haciendo cosas y sigo medio negreándome, pero sin salario. La verdad, aunque disfruto estar aquí y no en mi casa picándome el ojo y volviéndome diabética, ya me urge una respuesta. Si alguien tiene empleo para una comunicadora que medio se defiende en la escritura y en los medios y  medio sabe editar audio y video, bienvenido sea.

Luego, festejé recientemente mi cumpleaños número 20 + 4, del cual no recuerdo nada pero parece que me la pasé increíblemente bien. La verdad recuerdo algunas cosas, cosas peligrosas que no quiero dejar regadas en el submundo de Internet. Sólo diré que fue algo que tenía muchos años preguntándome y que, curioso, ahora que lo conseguí, no me interesa.

Todo lo anterior me remite al estado de las cosas emocionales de mi vida (ha, creyeron que no escribiría sobre eso; pero no, no se librarán de esta vieja cursi tan fácil). Estoy en un punto en el que no creí que estaría; pasó un año de la promesa que me hice de “al menos un año de soltería” (para todos aquellos que creyeron que no lo lograría: in your faces). Y la verdad es que aprendí muchísimo de este año de celibato, aunque es en tiempos recientes que he aprendido a realmente disfrutarlo (ver párrafo anterior). Lo terrible; el twist macabro del destino es que parece que la vida me está forzando a tomar decisiones cuando lo que yo quiero es que fluya como agua. No, vida; no. Apenas estoy empezando y tú ya imponiéndome decisiones… fail para ti. Estoy en un punto en el que me siento como una cría y lo que yo más quiero es estarme quieta. En fin, que es complicado; pero siempre lo es. No sé cuánto pueda postergar lo ¿impostergable? Tampoco sé si quiera. Me da como por horas: algunas horas (generalmente en las mañanas) estoy totalmente convencida de que es mala idea. En las tardes, lo contrario: me entra un no sé qué que me hace sentirme feliz y viva. Y en las noches, las proyecciones del futuro que me dicen que esto es lo que necesito. Con sus variaciones, claro; pero lo anterior es lo que me ocurre todos los días.

Por otra parte, me entró la crisis pre-cumpleaños y post-graduación. He estado cenando cerveza y teniendo pesadillas en las últimas dos semanas. Y no me puedo despertar. Y todo tiene pinta de un enorme signo de interrogación. Y me está costando mucho trabajo crecer.

Pero, como siempre, supongo que se trata de una passing phase… one of my bad… days?

Saludos y prometo escribir más, mis queridos dos lectores.

juegos…

16 mar

Lo último que me faltaba: andarme por las ramas… Resulta que no entiendo a los hombres. Eso ya lo sabíamos y nos pasa a todas (o a la gran, GRAN mayoría) de las mujeres. No es ninguna novedad que intentamos ver en cada gesto, cada guiño, cada sonrisa, un mensaje cifrado. ¿Le gusto, no le gusto?

Llevo días preguntándome lo mismo. Recapitulemos: hubo coqueteo (ya lo estoy dudando, quizá soy tan torpe para las relaciones humanas que lo que yo ví como un claro indicio de atracción fue simple y llana cortesía); hubo incitación, hubieron muchas indirectas… luego hubo vacío, una visita forzadísima y un acercamiento electrónico de dudosas intenciones.

No tengo respuesta, como siempre. Lo único que tengo es la certeza de que no quiero, ni voy, ni pretendo, caer en el juego de siempre. Creí que ya podía manejarlo, pero me equivoqué. Me equivoqué porque en mi naturaleza está sentir celos cuando estoy insegura. Y estuve celosa dos segundos más de lo que me hubiera permitido en condiciones naturales estar.Y no una vez, sino varias. Así no me gusta jugar.

Porque yo soy más de la idea del juego limpio. Nada de dar picones. Varias veces me he dicho (y a mis amigas, aunque me queda claro que esas afirmaciones iban mucho más dirigidas a mí misma) que ya no estoy para juegos. Si quiere salir conmigo, es cuestión de decirlo, así, con todas sus letras. Nada de incitaciones porque resulta que ya no las leo. Andarme por las ramas, descifrando movimientos de un ser totalmente ajeno a mí, me cansa.

Así que o le cambia a la estrategia o esto se acaba. De cualquier forma, he decidido terminantemente que mejor me dejo de imaginar cosas y me dedico a recuperar la paz que tenía muy a bien conseguida hasta hace apenas unas cuántas semanas.

[Me gusta tener mi casa en la planicie, donde por más que llueva, truene o el viento sople, no le pasa nada...]

Au revoir séptimo…

12 dic

Es oficial: ayer terminé mi último examen de séptimo semestre: algunos exámenes con más pena que gloria (como la cochinada que entregó mi “brillante” nuevo equipo en la materia de Mario Pacheco. Para dar pena). Lo del supuesto plagio que hubo en los exámenes, safe para mí. Y falta la calificación de Terán y de Huerta y ya, podré respirar en paz.

Este semestre fue, por mucho, el peor de mi vida. Y extrañamente, no fue por las materias: como siempre, algunas valieron muchísimo la pena y otras (como Terán) fueron un verdadero robo.

Más bien fue por todos los cambios que transcurrieron durante este semestre, al menos para mí, que me dejaron con esta sensación de vacío pero también de absoluto alivio de que una etapa muy importante de mi vida llegó a su fin.

Ya lo he dicho antes: he estado física y emocionalmente agotada estos meses, pero es justo ahora que sí siento el paso inexorable del tiempo… que todo cura, pero a un alto precio.

Como el martes, por ejemplo. Después de dos meses que llevo tomando las “happy pills”, por fin pude llorar. No fue un llanto copioso, ni una chillada de esas que te dejan tan agotada que te quedas dormida hasta el día siguiente; fue un llanto mustio, quedo, de apenas unas cuántas lágrimitas… pero fueron lágrimas reales. Después de dos meses de no poder llorar.

Ahora veo hacia adelante: tengo alrededor de un mes de detox de todos los cambios (me veo tentada a llamarlos problemas) experimentados a lo largo de este semestre. Un mes para leer, para ir a trabajar con calma y no andar a las prisas por llegar a la universidad–el lugar más infeliz y más temido por mí en estos meses. Un mes para ver a mis amigos y para no ver a mis amistades. Un mes para llegar a casa y poder pasear a la Daika, para tomar clases de pilates, para correr en las mañanas, para ver todos los domingos sin pretexto a mi papá. Un mes para ordenar mi cuarto–la zona física más devastada por toda esta guerra emocional que me cargué en este tiempo. Un mes para terminar de sanar.

Platicando con M… y mi queridísima petite el martes me dí cuenta de varias cosas: que salí lastimada, pero que no me fuí impune. Que en el proceso, también lastimé, y es algo que jamás me había planteado hasta ese momento: estaba tan enfrascada en mi dolor, que no pude ver el daño que también infringí en los demás. Por primera vez, me puse en los zapatos del otro. Y me dí cuenta de que me urge perdonar y perdonarme.

Porque cuando llego a hablar de eso, mis ojos no mienten. El aparente estado de las cosas mías es uno, pero mis ojos me delatan y le dicen a mi interlocutor que añoro, que duele, que extraño… que me acuerdo. Quisiera que los ojos no hablaran el lenguaje del alma, al menos, por un tiempo.

Pero ya me estoy poniendo melosa y ése no es el punto. A lo que quiero llegar es a que sí, fue un semestre duro y de cambios y de pérdidas y de mucha agonía… pero también de muchas ganancias, aprendizaje y mucha fortaleza adquirida. Me siento también orgullosa de haber llegado, con todo y mis raspaduras, a la meta.

Así que antes de subir la cabeza hacia el último semestre de mi carrera (0ctavo, ahí te voy con tokio) y dirigirle mi mirada más altanera y más retadora, el recuento de los daños:

Las bajas (en ningún orden en particular):

  • Amistades (que no amigos, esos no se pierden jamás)
  • Al ex novio (good riddance)
  • Bajé de peso (y volvió y se volvió a ir y luego regresó… ¡como en el Monte de Piedad!)
  • Tiempo (por algunas materias)
  • Espacio (por aquello de los lugares a los que no me atreví a ir por prudencia y respeto… lástima que eso no fue recíproco)
  • Alegría (pero también obedece al principio del “Monte de Piedad” referido arriba)

Las ganancias:

  • Amigos
  • Experiencia (laboral y humana)
  • Sabiduría (o qué no hacer la próxima vez que esté en una situación similar)
  • Libertad (para hacer y deshacer con mi vida)
  • Paz mental
  • Quetzales (por aquello del empleo mal remunerado sin el cuál no podría vivir)
  • Teófilo (osea, mi ipod rosa)
  • Perspectiva (regalo patrocinado por el inexorable paso del tiempo)
  • Seguridad (en mí, en mis capacidades, en mi suerte y en mi intuición)

Pues no sé ustedes, pero yo lo veo bastante balanceado…

La verdad es que muchas veces he dicho que de repetirlo, no lo haría. Pero no estoy tan segura ahora de que podría seguir como antes, sin todo lo que aprendí y todo lo que obtuve en esta etapa de mi vida. No sé si pude haber seguido así, tan asfixiada y estancada el resto de mi vida, atada a cosas y circunstancias que no eran para mí, que no merezco y que no me hacían ninguna gracia.

Ahora queda terminar de asimilar lo vivido y lo aprendido, desechar lo que no me sirve y esperar, pacientemente, las cosas buenas que me depare el mañana.

Ah, y a echar el drink con los de la oficina, porque hoy es el brindis y parece que se va a poner simpático el asunto.

 Au revoir séptimo. Y que venga lo bueno.

esa banda de la que no quiero volver a escuchar – II

30 nov

Pues resulta que ya se acabó el cochino semestre. Faltan los exámenes finales pero esas son el tipo de cosas que a una ñoñérrima promedio como yo no le preocupan (aunque a uno que otro le arda): sólo 15 días más de actitud UP y a la [ inserte palabrota de su preferencia ] con la uni por un mes, aproximadamente. Por lo pronto, a dar batalla con algunas entregas de trabajos finales, lo cuál me remite al tema del presente post.

Resulta que cierto niño-actor-que-hacía-las-veces-de-un-vampiro-chiquito-en-un-famoso-programa-infantil-de-los-ochenta-en-el-que-actuaban-niños canceló la entrevista que el equipo de trabajo del salón del cual soy la nueva adquisición (aún no sé si cambié de tribu o si sólo soy una visitante; algo así como la artista invitada del siguiente semestre…), por lo que por alguna extraña razón (y a falta de tema de trabajo final) se les ocurrió hacer el video de … Los Magnum. esa banda de la que no quiero volver a escuchar…esa

Acepté sin mayor reparos su propuesta/petición/mandato/idea y le hablé a Dol para preguntarle por un toquín próximo y explicarle que habían(mos) decidido hacer un videishi sobre su banda, a lo que accedió encantado y me dijo que el próximo fin había tocada en Coacalco (-where? ). Después, me fui a echar el rock al King’s Pub de Satélite porque Boris ya se va  de regreso a los esteits (bueno no,  la verdad primero estuve vegetando en la lUPe, despotricando contra los hombres-casual-con algunas de mis amigas y tragando ricasviandas como si no hubiera mañana) :*(

Pedí un mojito en dicho lugar, el cuál tuve que cancelar porque sabía a plantas (una de las hojas de “hierbabuena/menta” parecía más bien la hoja de una rosa) y mejor me tomé un sex on the beach que no estaba tan mal. De ahí, a casa de A…, donde ante la insistencia del público ( ¿o la mía? ) bajó la lira y los tambores y nos pusimos, su papá incluído, a echar el rock mientras la otra mitad de los convidados conversaban animosamente en la cocina. Rockeamos hasta las ¿seis? de la mañana (desde temprano yo traía la pila a full) y hasta el de los tamborcitos me apuntó para ser vocalista de su banda :P

Pero a pesar de haber sido una gran noche, donde ví a Boris y a Pepo y hubo buenas noticias,  estoy algo sentida. Con un par de alcoholes encima, como que no me emocionó particularmente el hecho de que A… casi ni me pelara por estar platicando primero con unas chavas random (resultaron ser amigas de la oficina del bataco de la “banda” – coladas, pues) y después con H…, una de mis amigas con la que no tiene nada en común (después supe que hablaban de las motos y hasta las mil horas tuvo la decencia de platicarles a mi mejor amiga y a H… de la vez que me llevó a pasear en la moto*) . Argh. Con lo que me gusta la atención y me pica que no me la prodiguen (me confieso una spotlight kid en algunas circunstancias). Así que mejor me puse a platicar con O… y con otras personas hasta que llegó la hora del toquín improvisado. Ah, no. En ese tiempo me la pasé echando relajo con el bataco, aunque he de aclarar que fue relajo sano y sin ningún interés sexual. De verdad, sólo nos caímos bien. Pero A… empezó a tocar como con rabia, y el bataco me dijo que “o ese wey está encabronado o está muy clavado (en la guitarra)”. No quiero hacer conjeturas pero hay cosas que me llevan a pensar que… nah.

Total que a la hora de la huída, A… me dijo que si yo no me iba a quedar  y a regresar con O… (como siempre, yo no sé por qué rayos hace eso y siempre quiere que me quede los años y no sé de dónde sacó que yo me iba a regresar con O… wtf! ). Le dije que yo venía con mi mejor amiga y que con ella me iría (si ya sabe cómo funciona, no entiendo por qué hace eso siempre). Como traía falda y él vive en Arbolerdas esquina Polo Norte, me dio un calambre en la pierna derecha, ya a la salida. ¿Por qué no?

Como Pepo se adelantó para llevar a H… a su casa y se llevó el carro de Boris, nos regresamos con J… Iba pues, entre los alcoholes, el calambre, la hora y el frío (nos dio otro amanecer en la borrachera… ya hacía falta) me fui dormitando durante casi todo el trayecto. Casi porque en algún momento de la madrugada, A… me mandó un críptico mensaje al celular:

“Cero y van dos que me desairas”

Huh?! ¿Que yo qué? ¡Pero si él no me peló en toda la noche! Total… empezamos a mandarnos mensajitos. Que si no me hubiera dejado ir, que si se lanzaba por mí y que si no me había pelado en toda la noche. Que si ya lo conozco cómo es para qué me sorprendo. Que si ya me conoce como soy y que me gusta la atención.

Gracias al Dios al que le recen, mi mejor amiga iba coacheando el asunto. La verdad le hubiera casi casi dicho que estaba ¿celosa? de no ser por ella. Me acordé muchísimo de la plática que tuvimos las niñas y un amigo en la lUPe en la tarde, sobre los mensajes que ellos emiten. El andru sostiene que lo frustrante es que ellos quieren decir exactamente lo que quieren decir con lo que dicen. No hay subtexto ni variados niveles de interpretación. Los mensajes que emiten sólo tienen un nivel de lectura. Yo asentía con la cabeza, porque soy de la idea de que los hombres son básicos-reduccionistas/simplistas… hasta los mensajes de A… (no los de celular; los otros: el hecho de que estableciera muy poco contacto visual conmigo o comentarios como “no puede ser la vocalista porque tengo un mal récord saliendo con las vocalistas”, al cuál contesté con un “pero tú y yo ni salimos” o que por verme platicando con O… asumiera que con él me iba a regresar).

Un momento… (estoy crudita** por lo que mi claridad mental está severamente comprometida) ¿Para A… estamos saliendo, as in we’re dating ? ¿Me mandó esos mensajes como un mero bi-product del alcohol? ¿Se habrá molestado… por los mensajes, porque me llevé bien con el bataco? WTF?!?!?!

No lo sé… como no entiendo el hecho de que I… me viera en el lugar de las flautas y no me saludara y después me mandara un mensaje diciéndome que si sí era yo… y me dijera que le dio pena. Amigo: perdón por el balconeo pero no entiendo a los hombres :P

Una cree que son muy “libres” y que la sociedad les permite hacer todo lo que quieren. Que no se reprimen ni se guardan las cosas. Que si quieren algo/a alguien van por eso que quieren. Que no conocen la pena, ni los celos, ni la inseguridad y que es nada o muy poco lo que les perturba o les duele. Que son acertivos (me desagrada esa palabra) y que la sociedad les permite expresarse mejor y más que a las mujeres. Creo que no son tan simples… pero podría estar equivocada.

¿Y qué tiene que ver toda esta perorata con Los Magnum esa banda de la que no volveré a escuchar ****… Pues que me latió el bataco medio me llamó la atención el half- midget, half-monkey del “baterista”  y que ahora, con el trabajo final (y lo que creo entender ahora mejor de los hombres) voy a tener oportunidad de entrevistarlo y ¿quién sabe?, en una de esas…. *** -> qué párote que nunca pasó lol

[Por cierto, pronto información de cómo va el guión para el proyecto y dónde, exactamente, será el toquín]

——

*Me encantan las autoreferencias a posts viejos… u.u

**Creo que el hecho de que esté algo crudita/enfermita me afecta a la hora de poner en orden mis pensamientos. El post habla de todo y nada y deberá ser entendido como una unidad conformada por diversos acontecimientos aislados que sucedieron entre el viernes y hoy.

***¡Gracias y que tengan buena racha!

—-

****sí bueno…  no quiero meterme en un pleito que no es mío, pero me reservo el derecho a borrar cualquier referencia o usarla a manera de broma, juego o lo que se me venga en gana. It’s on, bitches!

amooooor…elia!

5 nov

La verdad, no puedo dejar de amar Michoacán. En primera, porque mi mamá y por ende, mi abuelita (q.e.p.d.) y mis tías orates son de ahí. Pero además porque es una tierra bonita, en la que abunda la buena comida, los bonitos paisajes y, ¿por qué no decirlo?, la buena bebida.

El “fin de muertos” me fuí a Morelia con varias amigas y dos chicas alemanas de intercambio. Un girl trip a todo lo que daba, con la excepción de mi querido Lalo, a.k.a. Bardo, quién muy lindo accedió a hacerla de chofer, papá, guardaespaldas, niñera y se tuvo que aventar a siete viejas (dos de las cuáles éramos unas verdaderas urracas mientras que otras dos eran unas patadas en los… sin ánimo de ofender a nadie) con sus cosas. Mis respetos para Bardo: no cualquiera.

El viaje transcurrió, como suele suceder cuando viajan puras viejas, con su buena dosis de bemoles. Cuando una no se ponía necia, la otra se enfermaba o la de allá se enojaba. A mí esas cosas no me arruinaron el viaje, aunque sí me molestó un poco no ver el espectáculo en la noche en Janitzio porque Austria y Prusia quisieron ir a conocer Pátzcuaro… a las 12 de la noche (TOING!). Pero en general, me la pasé muy bien.

En primera, porque para mí sí fue un viaje de detox. Sobretodo después de ciertos acontecimientos del viernes, que ya les contaré en otra ocasión. Me quedaron, pues, muchísimas cosas claras y por primera vez en muchísimo tiempo (quizá poco menos de un año) me sentí enteramente libre. Me dí cuenta de que en verdad disfruto de viajar, conocer personas, reír todo el tiempo y estar sola. Me gusta mi soltería y esto sirve para reafirmar la promesa que me hice de que no pienso involucrarme en una relación sentimental por lo menos hasta que termine la carrera. Pero es es harina de otro costal.

Así pues, nos quedamos en un hostal en Morelia, al cuál llegamos en la madrugada, por lo que el dueño nos recibió algo gruñón. Pero el hostal era una verdadera maravilla (se llama Hostal de Don Emiliano, por si algún día andan en Morelia y no saben qué hacer): camas cómodas y limpias, un lugar bonito y acogedor. Y nadie tuvo que dormir en el piso, lo cuál siempre se agradece. Inmediatamente después, nos lanzamos a buscar un baresín. En provincia todo cierra como a las diez de la noche, pero logramos encontrar uno. Gracias a Thor, Austria y Prusia no fueron, así que pudimos rockear a gusto (bailando y cantando cosas prohibidas que no voy a mencionar).

Al día siguiente fuímos a Pátzcuaro y a Janitzio. Subimos toda la isla, reímos y comimos muchas ricasviandas (encontré corundas y fuí dichosa). Fuera de los conflictos, disfruté muchísimo del lago y la isla porque me regalaron un cielo constelado casi perfecto (porque sé que en algún lugar se deben ver todavía muchas más estrellas… tantas que me de miedo, como una vez lo soñé). Pero sin lugar a dudas, fue el cielo más plagado de luces que he visto en mi vida y me dejó maravillada. Bien valió la pena el viaje sólo por eso.

El último día lo pasamos en Morelia. Comí huchepos, que son mi fascinación. Encontré una tienda hindú y compré cosas (tan lejos para comprar cosas de la India). Más bemoles, pero yo relajada. La verdad es que entre Mili, el andru y yo nos la pasamos muertas de la risa (somos de lo más bajo en la escala evolutiva… con decirles que hubo trofeos a la nacada y demás).

La carretera, por supuesto, a vuelta de rueda. Así que en un punto del trayecto, decidimos bajarnos a correr a un lado de la misma. Creo que eso fue otro de los mejores momentos del viaje.

Ahora… sigh. De vuelta a la realidad.

ya no soy….

25 oct

la infantil criatura; la inocencia se acabó…

Y me duele. Me duele estar en este punto en el que soy incapaz de separar procesos; de separar lo vano de lo que verdaderamente perdura y de ver más allá de las cosas. Me duele darme cuenta de que, en efecto, el corazón, como leí en este blog, se te vaya vaciando hasta que te quedas con un corazón lleno de costras qué ofrecer. Me duele darme cuenta de que espero la desgracia ajena; que me da gusto saber que al que me lastimó lo están jodiendo de la misma, exactamente la misma manera. Me duele porque sé que algo en mí que era puro se murió; que algo en mí que era transparente se me fue irremediablemente…

Todo lo anterior me hace desear ser mejor persona; ser una mujer más pura, menos superficial. Menos rencorosa y más capacitada para perdonar. Menos orgullosa y mucho más terrestre. Menos categórica y mucho más abierta. Menos yo y más cualquier otra

O al menos, regresar al punto exacto en el que no se me había roto nada importante. Estarme completa, intacta, limpia, pura y con mi esperanza y mi fe en la vida, el amor, el bien, la verdad, la belleza y la justicia al 100. Al punto exacto en que la magia se me revelaba como cosa de todos los días; el precioso instante en el que era capaz de estar profundamente agradecida.

Eso último… no juega. Estoy agradecida; agradezco el aire frío, las muestras de amistad, las risas, los buenos momentos, un buen acorde de guitarra; agradezco el Ángel, las casualidades, comer con mi papá, las experiencias, las amistades nuevas y viejas, las tardes tranquilas y las latas de Dr. Pepper que cada vez me gustan más. Pero una parte de mí (la que no separa procesos, ideas, pasados ni presentes) no sabe apreciar lo que tiene enfrente. Es la parte de mí que desea fervorosamente un cometa en el 31, una infidelidad comprobada, una expiación dolorosa (comparable a cualquier martirio de cualquier época); una justicia divina que ponga todo en su lugar. Es la parte de mí que quisiera darle fast forward a la vida para comprobar que [nombre] va a quedarse solo(a)/triste/vacío(a) mientras que [nombre] se va a arrepentir/enorgullecer/acordar/olvidar de [algo] toda su vida porque [nombre] nunca va a volver/irse/querer/olvidar/perdonar y por supuesto, [nombre] va a pedirme/darme/suplicarme/reclamarme [algo] que me va a cambiar la vida/el día/las ideas. Es la parte de mí que más niego pero más me habla últimamente; la parte de mí que más me asusta.

[La parte de mí que más me avergüenza]

 

persépolis…

3 oct

Persépolis (2007) es una película basada en el cómic original de Marjane Satrapi y cuenta la historia de Marjane, una niña que vive en Irán durante la ocupación fundamentalista. La historia hace un recuento de las circunstancias históricas desde 1979 hasta la fecha, al mismo tiempo que analiza el impacto del régimen en las vidas cotidianas de los iraníes. Así, se ve a Marjane tratando de adaptarse a las nuevas condiciones donde falta la libertad y sobra la represión, con su propia búsqueda de identidad a manera que va creciendo. También retrata de manera muy clara el choque cultural, cuando Marjane es mandada al extranjero a estudiar y conoce un mundo mucho más amplio, con muchas formas de vivir la libertad, que el de su país. Se enfrenta al reto de vivir y crecer sola; de escapar de la guerra y de la muerte a internarse en otro tipo de guerra, con sus propias reglas: el capitalismo, el creciente hedonismo y el desmembramiento y corrupción de la cultura occidental.

Yo la ví con mi mamá. A mi mamá le dio mucha risa cuando la puse en el dvd y me dijo, no sin sarcasmo, “uy, está bien interesante” . La verdad, la película empieza algo lenta y es un poco complicada al inicio. Pero para la segunda parte, las cosas cambian. Tanto, que me quedé con ganas de mucho más. Mi mamá la vio (siempre se queda dormida en las películas) pero creo que no le fascinó.

Hay una parte, cuando Marjane está en Austria, en la que conoce a un wey y se enamora… y después, lo encuentra con otra (¡qué raro!). Marjane, en su inexperiencia y juventud, se tira a la desolación; su casera la corre y termina vagando en las calles, hasta que decide regresar a casa. Lo impactante no son las precarias condiciones en las que Marjane pasa sus dos últimos meses en Austria, sino la reflexión a la que llega:

“Había perdido a unos parientes en la revolución. Había sobrevivido la guerra. Y es una historia de amor la que casi me friega”.

Sí. Todos somos iguales.

Póster de la pelicula

Póster de la película

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