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cuarentena… (día del niño II)

30 abr

Llevamos una semana encerrados. Al principio fue un “yeah, no habrá escuela ni exámenes ni tareas”. Pero ya no resulta divertido, sobretodo cuando al salir (al súper o al banco, que en mi caso es lo más lejos que me atrevo a ir) lo único que ves son ojos asustados en caras semi-cubiertas por tela azul o blanca. No me quejo porque yo estoy igual;  soy sólo un par de ojos observando el miedo en la ciudad.

En esta semana:

  • Me ha invadido la pereza, por lo que no he podido lograr nada productivo.
  • Me ha estado seduciendo la gripa; de repente, la garganta adolorida o un estornudo ocasional con todo el poder para ponerme a temblar… temblar de paranoia.
  • Ningún libro me ha atrapado lo suficiente como para quedarme.
  • He visto algunas buenas películas, pero mucha más mala tele.
  • Me sé todos los noticieros.
  • Me he llenado de helado y dulces.
  • Extraño mucho el mundo exterior, especialmente el aire….
  • Dejé de fumar temporalmente, lo que quiere decir que volveré a fumar cuando todo vuelva a la normalidad.
  • Me enamoré de tres personas, en mi mente, en dos días. Contemplando el “qué tal sí…” en mi cabeza mientras veía el techo de mi habitación. Con uno podía ver películas y ser una geek encerrada cual osa, mientras que con otro me la pasaba en la fiesta, conociendo personas y riendo sin control. Con el tercero no les digo :P
  • Ninguno es para mí en la vida real; la mezcla de los tres sería perfecta.
  • Disque empecé a hacer ejercicio, más por ocio que por convicción. Eso y porque falta como mes y medio para la graduación.
  • Hoy es día del niño. El año pasado me quejaba de un congreso. Este año, se lleva las palmas la pandemia. Feliz Día del Niño, mis críos :D

feliz día del niño…

30 abr

ayer: preparándome para la kermesse en la primaria, donde todas las maestras se disfrazaban y ponían stands donde te maquillaban, te casaban o hasta te asustaban. Era el día en el que las maestras estaban enteramente al servicio de nuestros caprichos, donde el patio se convertía en zona de guerra de globos de agua y el salón de música en la casa embrujada. El día en el que podías comer en el salón y las maestras te regalaban dulces y juguetes del mercado (de esos cuya duración y calidad–nula–es inversamente proporcional a la diversión que generan) y que podías ser lo que quisieras. Podías tomar el micrófono y cantar; podías bailar; podías pisar el pasto y no hacer nada… y al llegar a casa, tu comida favorita, un montón de regalos y golosinas y todos tus primitos esperando junto con tus hermanitos (en mi caso, más pequeños y chimuelos) para jugar y jugar hasta que muriera el día.

hoy: van a ser las 12 de la noche. Lloré como Magdalena. Me desahogo escribiendo en el blog. En el tumulto de mi día, previo al 30 de abril, recordé como de milagro la sensación que dicha fecha nos causaba: deseo de que “ya fuera mañana”, ganas de correr, el sabor de los dulces, las risas, entrar a todos los juegos. La tan trillada “inocencia de cuando se es niño” (que a mí me sabe a cero obligaciones más que la de jugar con mi perra o ver determinado programa). El hecho de que todo lo que te dolía era una muela (o la panza por tanta mugre) y todo lo que podía lastimarte era una piedra (por aquello de las caídas) o un fantasma en tu cabeza. Hoy, a mis 22 años, festejaré el Día del Niño con un congreso sobre la TV y los Efectos en niños menores de 2 años… ni hablar.

(pero mi mamá nos sigue viendo como chiquillos y nos compró unos chocolates que se supone que yo no he visto aún… cuiiii!!! )

FELIZ DÍA DEL NIÑO. NO DEJEN DE SOÑAR.

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