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Au revoir séptimo…

12 dic

Es oficial: ayer terminé mi último examen de séptimo semestre: algunos exámenes con más pena que gloria (como la cochinada que entregó mi “brillante” nuevo equipo en la materia de Mario Pacheco. Para dar pena). Lo del supuesto plagio que hubo en los exámenes, safe para mí. Y falta la calificación de Terán y de Huerta y ya, podré respirar en paz.

Este semestre fue, por mucho, el peor de mi vida. Y extrañamente, no fue por las materias: como siempre, algunas valieron muchísimo la pena y otras (como Terán) fueron un verdadero robo.

Más bien fue por todos los cambios que transcurrieron durante este semestre, al menos para mí, que me dejaron con esta sensación de vacío pero también de absoluto alivio de que una etapa muy importante de mi vida llegó a su fin.

Ya lo he dicho antes: he estado física y emocionalmente agotada estos meses, pero es justo ahora que sí siento el paso inexorable del tiempo… que todo cura, pero a un alto precio.

Como el martes, por ejemplo. Después de dos meses que llevo tomando las “happy pills”, por fin pude llorar. No fue un llanto copioso, ni una chillada de esas que te dejan tan agotada que te quedas dormida hasta el día siguiente; fue un llanto mustio, quedo, de apenas unas cuántas lágrimitas… pero fueron lágrimas reales. Después de dos meses de no poder llorar.

Ahora veo hacia adelante: tengo alrededor de un mes de detox de todos los cambios (me veo tentada a llamarlos problemas) experimentados a lo largo de este semestre. Un mes para leer, para ir a trabajar con calma y no andar a las prisas por llegar a la universidad–el lugar más infeliz y más temido por mí en estos meses. Un mes para ver a mis amigos y para no ver a mis amistades. Un mes para llegar a casa y poder pasear a la Daika, para tomar clases de pilates, para correr en las mañanas, para ver todos los domingos sin pretexto a mi papá. Un mes para ordenar mi cuarto–la zona física más devastada por toda esta guerra emocional que me cargué en este tiempo. Un mes para terminar de sanar.

Platicando con M… y mi queridísima petite el martes me dí cuenta de varias cosas: que salí lastimada, pero que no me fuí impune. Que en el proceso, también lastimé, y es algo que jamás me había planteado hasta ese momento: estaba tan enfrascada en mi dolor, que no pude ver el daño que también infringí en los demás. Por primera vez, me puse en los zapatos del otro. Y me dí cuenta de que me urge perdonar y perdonarme.

Porque cuando llego a hablar de eso, mis ojos no mienten. El aparente estado de las cosas mías es uno, pero mis ojos me delatan y le dicen a mi interlocutor que añoro, que duele, que extraño… que me acuerdo. Quisiera que los ojos no hablaran el lenguaje del alma, al menos, por un tiempo.

Pero ya me estoy poniendo melosa y ése no es el punto. A lo que quiero llegar es a que sí, fue un semestre duro y de cambios y de pérdidas y de mucha agonía… pero también de muchas ganancias, aprendizaje y mucha fortaleza adquirida. Me siento también orgullosa de haber llegado, con todo y mis raspaduras, a la meta.

Así que antes de subir la cabeza hacia el último semestre de mi carrera (0ctavo, ahí te voy con tokio) y dirigirle mi mirada más altanera y más retadora, el recuento de los daños:

Las bajas (en ningún orden en particular):

  • Amistades (que no amigos, esos no se pierden jamás)
  • Al ex novio (good riddance)
  • Bajé de peso (y volvió y se volvió a ir y luego regresó… ¡como en el Monte de Piedad!)
  • Tiempo (por algunas materias)
  • Espacio (por aquello de los lugares a los que no me atreví a ir por prudencia y respeto… lástima que eso no fue recíproco)
  • Alegría (pero también obedece al principio del “Monte de Piedad” referido arriba)

Las ganancias:

  • Amigos
  • Experiencia (laboral y humana)
  • Sabiduría (o qué no hacer la próxima vez que esté en una situación similar)
  • Libertad (para hacer y deshacer con mi vida)
  • Paz mental
  • Quetzales (por aquello del empleo mal remunerado sin el cuál no podría vivir)
  • Teófilo (osea, mi ipod rosa)
  • Perspectiva (regalo patrocinado por el inexorable paso del tiempo)
  • Seguridad (en mí, en mis capacidades, en mi suerte y en mi intuición)

Pues no sé ustedes, pero yo lo veo bastante balanceado…

La verdad es que muchas veces he dicho que de repetirlo, no lo haría. Pero no estoy tan segura ahora de que podría seguir como antes, sin todo lo que aprendí y todo lo que obtuve en esta etapa de mi vida. No sé si pude haber seguido así, tan asfixiada y estancada el resto de mi vida, atada a cosas y circunstancias que no eran para mí, que no merezco y que no me hacían ninguna gracia.

Ahora queda terminar de asimilar lo vivido y lo aprendido, desechar lo que no me sirve y esperar, pacientemente, las cosas buenas que me depare el mañana.

Ah, y a echar el drink con los de la oficina, porque hoy es el brindis y parece que se va a poner simpático el asunto.

 Au revoir séptimo. Y que venga lo bueno.

ya no soy….

25 oct

la infantil criatura; la inocencia se acabó…

Y me duele. Me duele estar en este punto en el que soy incapaz de separar procesos; de separar lo vano de lo que verdaderamente perdura y de ver más allá de las cosas. Me duele darme cuenta de que, en efecto, el corazón, como leí en este blog, se te vaya vaciando hasta que te quedas con un corazón lleno de costras qué ofrecer. Me duele darme cuenta de que espero la desgracia ajena; que me da gusto saber que al que me lastimó lo están jodiendo de la misma, exactamente la misma manera. Me duele porque sé que algo en mí que era puro se murió; que algo en mí que era transparente se me fue irremediablemente…

Todo lo anterior me hace desear ser mejor persona; ser una mujer más pura, menos superficial. Menos rencorosa y más capacitada para perdonar. Menos orgullosa y mucho más terrestre. Menos categórica y mucho más abierta. Menos yo y más cualquier otra

O al menos, regresar al punto exacto en el que no se me había roto nada importante. Estarme completa, intacta, limpia, pura y con mi esperanza y mi fe en la vida, el amor, el bien, la verdad, la belleza y la justicia al 100. Al punto exacto en que la magia se me revelaba como cosa de todos los días; el precioso instante en el que era capaz de estar profundamente agradecida.

Eso último… no juega. Estoy agradecida; agradezco el aire frío, las muestras de amistad, las risas, los buenos momentos, un buen acorde de guitarra; agradezco el Ángel, las casualidades, comer con mi papá, las experiencias, las amistades nuevas y viejas, las tardes tranquilas y las latas de Dr. Pepper que cada vez me gustan más. Pero una parte de mí (la que no separa procesos, ideas, pasados ni presentes) no sabe apreciar lo que tiene enfrente. Es la parte de mí que desea fervorosamente un cometa en el 31, una infidelidad comprobada, una expiación dolorosa (comparable a cualquier martirio de cualquier época); una justicia divina que ponga todo en su lugar. Es la parte de mí que quisiera darle fast forward a la vida para comprobar que [nombre] va a quedarse solo(a)/triste/vacío(a) mientras que [nombre] se va a arrepentir/enorgullecer/acordar/olvidar de [algo] toda su vida porque [nombre] nunca va a volver/irse/querer/olvidar/perdonar y por supuesto, [nombre] va a pedirme/darme/suplicarme/reclamarme [algo] que me va a cambiar la vida/el día/las ideas. Es la parte de mí que más niego pero más me habla últimamente; la parte de mí que más me asusta.

[La parte de mí que más me avergüenza]

 

la lluvia de cochambre…

17 oct

Llegó antes de lo esperado la lluvia de cochambre. Pero para esto, yo ya me había acabado mi Fausto y hasta Las Mil y Una Noches, creyendo ilusamente que se tratarían de cuentos fantásticos y no de cosas tan ordinarias como “niños llorones y traviesos” (quien ya lo leyó sabe de lo que hablo). Tras.

Total que fue en domingo -el día que más me choca de la semana- y, por extraño que parezca, llovió dentro de mi casa. Bueno, en realidad llovió afuera, como debe ser, pero el punto es que mi casa se inundó.

Ahora bien, llevo alrededor de seis años viviendo en esa casa. Jamás se había inundado. Habíamos tenido que reparar goteras, eso sí. Pero inundaciones no, al menos hasta el domingo en la tarde-noche. Como en película de espantos o de arte, empezó a llover a mares y el nivel del agua empezó a subir de manera acelerada. Se taparon las coladeras de la calle y la lluvia siguió cayendo. El agua empezó a inundar la calle, llegando peligrosamente a la banqueta y de ahí, al jardín de mi mamá frente a la entrada de la casa (vivo en una cerrada). Y por último, al piso de mi casa.

Como se taparon las coladeras, el agua que entró no era precisamente limpia. Rápidamente empezamos a quitar todo: muebles, sillas… en fin. Y el agua siguió inundando la planta baja de mi casa que, dicho sea de paso, es principalmente blanca (con muebles de madera).

¿Lo sorprendente? Como lo predije, siendo la mismísima Casandra rediviva, llovió porquería y subió la marea. Claro que en ese momento no me puse a leer, sino que me puse a sacar todo lo importante para tratar de salvarlo y limpiar la porquería cuando dejó de llover. Me tocó limpiar debajo de la escalera, donde mi madre guarda toda clase de herramientas y cosas del jardín… y una bolsa que largué de mi cuarto y que yo hacía en la basura.

Mientras en las casas de mis vecinos hubo toda clase de bajas (desde refrigeradores hasta carros que se negaron a arrancar), en mi casa fue precisamente la mentada bolsa lo único que la lluvia de cochambre se llevó, con absolutamente todo su contenido y lo que significaba. No pude evitar una carcajada (y si he de ser sincera, sí sentí un poco feo después).

Yo ya lo sabía; sabía que habría una limpieza de fondo y que llovería mugre para dar paso a cielos despejados. Pero francamente, no me esperaba una cosa como estas.

¿Así o más grande la señal?

and i don’t have to stay this way…

25 sep

Winter

Joshua Radin

I should know who I am by now
I walk the record stand somehow
Thinkin’ of winter
The name is the splinter inside me
While I wait

And I remember the sound
Of your November downtown
And I remember the truth
A warm December with you

But I don’t have to make this mistake
And I don’t have to stay this way
If only I would wake

The walk has all been cleared by now
Your voice is all I hear somehow
Calling out winter
Your voice is the splinter inside me
While I wait

And I remember the sound
Of your November downtown
And I remember the truth
A warm December with you
But I don’t have to make this mistake
And I don’t have to stay this way
If only I would wake

I could have lost myself
In rough blue waters in your eyes
And I miss you still

Oh I remember the sound
Of your November downtown
And I remember the truth
A warm December with you
But I don’t have to make this mistake
And I don’t have to stay this way
If only I would wake

No puedo dejar de escuchar esta rola. Simplemente no puedo dejar de escuchar a Joshua Radin. Quiero creer, firme y decididamente, que me sirve como fondo musical mientras me retiro a la cueva a lamerme las heridas y que es una medida paliativa de mi subconsciente. Prefiero eso a estarme convirtiendo en eso que los mercadólogos y demás genios llaman “adulta contemporánea”.

Lo de la leona me remite a este grabado, llamado “leona herida”, en Mesopotamia (vean nomás su dolor; cómo pide un poco de clemencia, con la mirada):

Retomando….

Quedó estipulado en el post pasado (me parece) que stoy oyendo mucho soft-rock. Y mucha música noventosa. Y pienso mucho en que ya vamos de “salida”, que ya somos la generación “vieja” de la carrera (justo hoy, en la comida después de lo de “Sportacus”, noté que no conozco a NADIE de los de primer semestre); que en mi próximo cumpleaños cumpliré 24 años y luego… 25. Que ya no puedo darme el lujo de, digamos, no bañarme para ir a la escuela y no puedo usar tenis toda mi vida. Que tengo que pagarme la escuela y conseguirme un trabajo “de verdad” any minute now…

Quiero creer que todo lo anterior es sólo una manifestación del duelo y no una cosa tan seria como que he cambiado tanto que ya no me reconozco ni a mí misma ( o como dice la canción, i could’ve lost myself).

Porque la rola me llega en varios niveles con varias de sus frases. Por ejemplo : i don’t have to make this mistake and i don’t have to stay this way… todo, absolutamente todo, depende enteramente de mí. Así que me inclino a lo trascendente: quiero hacer algo que sea tan mío como del mundo. Quiero hacer algo que sí valga la pena con mi vida. Quiero salvar vidas, generar emociones, inspirar a los demás. No quiero ser una más del montón, quiero que mi voz se oiga porque sé que tengo mucho que decir. Porque ya no quiero volver a voltear atrás y verme obligada a decir “p…ta m…dre, ¿qué diablos hice con estos [ocho meses; dos semestres... ] de MI VIDA?”. Porque no quiero volverme a arrepentir de desperdiciar el tiempo como me dí el lujo de desperdiciarlo casi un año-el pasado- en cosas que no me dejaron más que “en el alma mucho asco”, como diría Belén Reyes.

If only I could wake… me está costando mucho trabajo despertar de este letargo al que voluntaria, pero igual estúpidamente, me ví sometida. Me está costando mucho trabajo arrancarme la cochinada de la piel; pero mucho más de la cabeza. Me está costando la vida misma perdonarme por haberme aventado con todo y venda al vacío. A veces me siento herida; otras tantas, enfurecida. Pero la mayoría de las veces me siento debilitada.

Y no voy a mentir: me da muchísima lástima la, digamos, otra perspectiva de mi historia. Dice un dicho (creo que es una famosa inscripción en una famosa lápida, en realidad): como te ves, me ví; como me veo, te verás. Quizá peor, pero eso ya le toca a la justicia divina o al karma o a lo que sea; ya no es harina de mi costal. A mí, lo que incuestionablemente me toca (y como bien puntualizaron mis amigos en la intervención de ayer), soy yo : i should know who i am by now.

Sé que soy inteligente. Sé que soy muy sensible… profunda, perspicaz, divertida… hasta de “poética” me han tachado alguno que otro desde el vacío que, evidentemente, no sabe (ni supo ni sabrá) nada de nada de mí. Pero lo que no sé es, precisamente, que será de mí. ¿Lograré todo lo que anhelo? ¿Seré una gran periodista; me mandarán a la guerra o seré la próxima gran productora radiofónica? ¿Alguna vez tendré hijos? ¿Me casaría después de la inversión de valores que ha sufrido mi antes idealizada y altamente valuada concepción de las relaciones/matrimonio y que ahora me parecen sólo intentos superficiales por alcanzar la completud que deberíamos buscar en otro lado? ¿Conoceré la India?

The name is the splinter inside me… definitivamente, traigo una astilla-qué digo astilla, estaca- clavada en lo más profundo de mi ser. Pero, por irónico que sea, no tiene nada que ver con el sujeto (porque ése sigue siendo totalmente omisible) ni con el objeto. Es un asunto que va más allá de un o una cualquiera o una situación repetida y recurrente en el hombre. Tiene que ver con lo que yo soy. Porque traiciones y traidores, todos los días… pero transformaciones tan intensas como la que estoy experimentando no nos ahogan con sus caudales de dudas y redefiniciones y rediseños todos los días. Pasa que, como en mi caso, son disparadas por un o una cualquiera o un o una insignificancia… y de ahí pa’l real.

La verdad escribo por terapia… me viene a la mente otra (en realidad otras muchas) línea de otra canción: i know i ain’t changed, but i know i ain’t the same… soy mucho más sabia ahora. También más suspicaz. Quizá me cueste mucho volverme a exponer así. Quizá encuentre quien pueda (y merezca) derribarme las barreras. Quizá estoy siendo soberbia, muy soberbia. Si es así, pido disculpas al que haya tenido el valor de aventarse una más de mis discurrencias sin sentido para el observador/lector. De verdad, una disculpa. Es sólo que…

… I say goodbye to the way of life, I thought I had designed for me…

8cho, 7iete, 6eis, 5inco, 4uatro…

22 sep

En un estimado de 6 a 8 meses, mi aura rosa-azul-anaranjada se evaporará para siempre del reducido mundo de cuatro paredes y dos traumas que tan bien te conoces. Es cuestión de tiempo – esa cosa que nunca hemos visto pero que valoramos tanto – para que tenga lugar mi acto de desaparición. Será en un abrir y cerrar de ojos, con un poco de humo morado o rosa (para añadirle dramatismo) y quizá acompañado de un “abuuuuuuuuuuuuur!” que te dejará, único espectador, anonadado.

¿Por qué? Porque te lo prometí, y más que eso, porque te lo juré y yo sí que cumplo mis juramentos. Porque es la única falta, mentira, flaqueza, debilidad o lo que sea; la única y última que no estoy ni estaré nunca dispuesta a perdonarte, ni a ti ni a nadie. Nunca. Bajo ninguna circunstancia. Así que si llegaras a leer esto, alguna remota vez (una y sólo una de las infinitas posibilidades del polvo), quiero que te quede bien claro: a mí no me vuelves a ver la cara (literal y figuradamente).

Alguna vez dijo Borges que “la única venganza y el único perdón es el olvido”. Tú no sabes leer poesía y de poeta tienes lo que yo de rumbera. Pero concuerdo (y desvarío). No cabes ya en el recuerdo; sólo se les rinde homenaje a los muertos memorables, a los que verdaderamente dejan huella. Y tú habrás sido muchas cosas, pero no eres inolvidable. Tu huella desaparecerá en el humo rosa del tiempo. Entre las otras, las muchas otras posibilidades del polvo. Y como mi perdón es mucho regalo y muy pesado y muy valioso, mejor te olvido por venganza. Te omito por justicia.

A partir de este verso eres un muerto. Te lo había dicho, y te lo vuelvo a repetir: un muerto. “Mataste los recuerdos”, me dijiste mientras señalabas con el índice y hacías rabietas propias para tu edad y estampa. Porque siempre me quedaste, así, muy chiquito. En ambiciones, en ideas, en madurez; chiquito para amar, para hacerme sentir (nunca te lo dije, pero quererte fue el reto más grande de mi vida, porque no te quería y me costó el absoluto dominio de la voluntad quererte)… chiquito para sentirme entera. Porque yo maté los recuerdos, según tú. Pero tú mataste todo el cariño que me construí para ti. Los recuerdos, finalmente, son eso: fotogramas de un pasado que no dejará de ser pasado. Caduco. Viejo. Irrepetible.

Por eso te pedí lo que no cumpliste. Por eso te dije que mejor me guardaras en el pasado. Porque no volveré. Nunca. Porque a partir de ése instante; del instante de la decisión tomada por dolor, por venganza o por lo que usted quiera, diste el paso que no podrías, ni en un millón de ruegos ni con un millón de lágrimas, borrar. Porque hiciste precisamente lo imperdonable. Y ya me conoces, soy obstinada como pocas.

Y no es que quieras borrarlo. Yo sé que ni siquiera lo intentarás. Porque eres tibio. Porque no estás acostumbrado a luchar por nada. Porque te tomas la vida como va y ésa era la mejor oportunidad que tenías enfrente. Y no sabes qué alivio me da; así será mucho más fácil borrarme de tu mundo de reducidas cuatro paredes y dos traumas que te repites todas las mañanas.

Y de verdad espero que seas feliz. Lo espero y te lo deseo porque sé perfectamente que no lo eres ni lo serás. Porque sé de tus razones para haber hecho lo que hiciste. Porque eres muy cobarde para decirme que aún me sueñas, que aún te duele saberme perdida para siempre. Porque con la que estás no es, ni será, ni podría ser jamás la que yo soy. Nunca. Por más que lo intente; por más que lo intentes. Porque a diferencia tuya, yo sí soy inolvidable para ti. Y esa, pobre diablo, es la única verdad.

Así que ríete, paséate enfrente de mí con tu fingida felicidad. Que ambos sabemos que nada dura para siempre y ambos sabemos la verdad. Y ambos sabemos que me habré ido con el alba. Es cuestión de esperar.

———————————————–

Cierra los ojos. Contaré hasta diez y a la cuenta de diez, nada de esto habrá pasado jamás.

Así de fácil se da sepultura a los olvidables.

¿…me quiere, no me quiere…?

29 abr

You’re free to leave me
but just don’t deceive me
and please, believe me when I say I love you…

(Roxanne. Moulin Rouge Soundtrack)

No deshojo margaritas. No en su sentido más tangible, sino que más bien voy deshojando pistas como si se tratase de los mismísimos pétalos de una enorme flor amarilla (no sé de flores, ni sé de qué color son las margaritas, pero en mi cabeza son como gerberas amarillas).

Unas fotos con un par de comentarios que, vistos fríamente, hasta forzados y “de más” me parecen (mi cerebro quiere creer que fueron puestos ahí, justo enfrente de mi nariz, para que yo los viera). Otro “profile comment” de esos que a mí nunca me llegan de sus dedos al tap, tap, tap de sus noches desveladas. Y la salidita… la bendita casualidad de encontrarlo y no sólo eso, sino que verlos con mis ojos, de la forma más “inocente” para tomarse “unas cervezas en casa de E…, ¿no vienes?”.

No sé qué pensar. No puedo, porque el estómago es el que está tomando el lugar del cerebro. Me dan náuseas. Y me pregunto si me quiere (de verdad, de aquí pa’l real, de corazón) o no me quiere (cortar, en su vida, lastimar o decir la verdad).

O quizá estoy siendo melodramática. Cierro los ojos y tomo la venda más grande y más obscura que encuentro y me tapo los oídos con uno o dos o diez “te juro que sí te amo” y lo que he visto quisiera arrancármelo de los recuerdos y mejor pienso que son pesadillas, pesadillas lejanas y remotas de otros tiempos y otra historia y otras personas ya más bien enterradas en el pasado…

Quisiera tener la fuerza y el valor de preguntar. Pero ahora no puedo. Es muy difícil. Me siento tan pequeña… si tan sólo supiera, y creyera, y confiara… quizá con el tiempo.

Ahora me distraigo sacándolo de toda manera concebible: a veces me imagino dándole la arrastrada de su vida por atreverse si quiera a ponerle un dedo encima… otras me imagino fuerte y decidida, con maletas hechas, dándole las gracias por el tiempo juntos… las más, me imagino que me dice que en verdad me ama y que no pasó nada. Que no va a pasar nada…

Quisiera arrancarme los celos y la incertidumbre de tajo; hacerle catársis a todo esto con un grito bien dado, una buena bofetada, una bien merecida moqueada y un abrazo infinito, cálido y seguro del que no volviera a salir, como un capullo, hasta sentirme de nuevo la más fregona de la Tierra entera.

Y dejar de inventarme historias y rompecabezas, por una vez en la vida…


Re-valoriza…

27 abr
Respira. Por primera vez en más de un mes, de verdad, respira. Con un poco de cautela, tomándote tu tiempo, te das cuenta de que el aire no es tan pesado como parecía y que cada suspiro era eso: un simple suspiro y no un signo inequívoco de que esta vez sí te ibas a ahogar…

Vuelve la vista atrás, ahora que todo está fresco todavía. Observa con atención los pasos y pisadas y los caminos obscuros y claros y date cuenta de qué te trajo aquí. Ahora, cierra los ojos y pasa por el esternón los dedos… siente la cicatriz. Aún al rojo vivo, pero cerrando ya. Abre los ojos y mira cómo es que vuelve la piel a cerrarse y tus células vuelven a su lugar. Llévala como amuleto; mejor, como recordatorio del precio que tuviste que pagar para que las cosas volvieran a su perfecto lugar.

Respira. Otra vez, respira. Siente el aire impregnado de lluvia entrar a tus pulmones. Alza la cabeza. Mira hacia adelante: ahí está, todo lo que te falta por andar. Respira. El camino ya es uno; no es amarillo, pero tampoco está lleno de espinas. Servirá.

Observa a tu alrededor, siente la cicatriz y los ojos hinchados de tanto llorar. No, esta vez es tu segunda oportunidad. RE-VA-LO-RI-ZA. Da gracias porque el camino está soleado y porque la lluvia está atrás, mojándote la espalda. Respira y da un paso hacia adelante.

Esta vez hay alguien que te tome de la mano y el camino no se bifurca.

+ 24 semanas…

22 abr

What you do
No one can decide it’s up to you
and who you are is what you choose
These times when the world falls apart
Make us who we are

(The End has only Begun. Lifehouse)

Un encendedor naranja. Un café. Una comida. Un desayuno. Stardust. Un abrazo. Un lugar secreto para dormir. Pasto. Historias. Confesiones compartidas. Dos piratas, cada uno a su manera.

Unos pésimos macarrones de caja. Muchos mensajes al celular. Muchas sonrisas. Dos manos entrelazadas. Dos pares de ojos bien abiertos. Otro café. Viejitas. Un helado. Muchas risas. Sudadera naranja. Quejas. Una tarde: un mantel, un inicio.
Una fiesta aburrida. Unas fotos en blanco y negro. Varios caminos perdidos. El centro. Un bache. Teléfono sonando. Cosas nuevas. Dudas nuevas. Cosquillas. Ilusiones. Otras muchas sonrisas.
Un par de zombies con dos pares de alas: unas negras y otras blancas. Una fiesta y otra fiesta. Cine. Policías. Más policías. Más cine, más fiestas, más risas. Nombres nuevos. Sensaciones nuevas. Nuevas palabras. Llanto. Abrazo. Nuevas personas, mismas sonrisas. Retos. Alegrías.

Un disco. Tres suéteres. Dulces. Besos. Más dulces. Una distancia física y temporal. Una lágrima, extrañándote. Un feliz regreso. Cálida navidad. Fiestas. Problemas afuera. Soluciones adentro.

Un nuevo semestre. Rutina. Felicidad. Tranquilidad. Un viaje. Una semana: tres peleas. Un feliz regreso. Una confesión tardía. Un dolor compartido. Un dolor enmendado. Normalidad. Peleas. Rutina. Desubicación.

¿Seis? sábados. Lágrimas. Miedo. Incertidumbre. Soledad. Abandono. Un aniversario, dos perspectivas. Una ruptura. Una nueva enmienda. Una con celos que nunca volverá a externar. Un miedo. Una pelea. Otra pelea. Muchas más lágrimas. Una con remordimientos de demandas irracionales. Dos con un problema que no pueden ver. Una primera, real encrucijada. Una primera, real posibilidad de terminar. Una primera, real posibilidad de continuar. Continuar. Muchos abrazos. Mucho miedo. Mucho jodido miedo y mucha jodida inseguridad. Dolor justo enmedio del esternón; opresión. Perspectivas. Cigarros. Incertidumbre. Y jodido miedo, que no me deja, no me deja avanzar hacia la puerta abierta que está al final del pasillo… necesito que me tomes de la mano.

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