Últimamente, me he enfrentado a cantidades masivas de crisis existencial. Todas mías.
Cuando estas cosas suceden, me invaden unas ganas necias de cambiar mi vida radicalmente. Salir huyendo, cuidar perros en la India. Renunciar a mi trabajo y dedicarme a viajar; vivir una vida emulando a Carrie Bradshaw sans the fabulous wardrobe/apartment in NYC.
Escribir sobre música. Ganarme una beca para estudiar/hacer cine. Llevar un blog de moda. Editar una revista (la versión 2.0 de la Catarsis que hacíamos en la prepa). Cortarme el fleco a la Zooey Deschanel.
Escribir una novela sobre la dura y difícil vida de mi coworker comedia sobre el personaje de “humilde, pero de buen corazón” que se ha inventado mi coworker.
Regresar a dar clases. Trabajar de azafata. Inventar algo que nadie haya inventado. Volver a tener 16 años y pensar en toda clase de cosas y creer que puedo cambiar el mundo. Escribir para thoughtcatalog, with their disregarding, non-chalant manner, because they live in NYC and know about life and more, what’s really cool in life.
Dejar de fumar, y de pinche maldecir. Acabar los cortos de la maestría. No gastar en tantas cosas inútiles. Volverme a enamorar.
Regresar a la radio; estudiar locución y regresar a la radio. Filmar mi primer documental. Recordar las cosas que hace cinco dos años me apasionaban. Compartirlas con alguien, sin ironía.
¿Volveré a tener algo que me llene así o esto que me pasa es cuestión de la edad?
Ojalá pudiera extender mi fecha de caducidad…
lo que los expertos opinan...